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Si una persona se siente amenazada y no entiendes por qué, necesitas ver este cómic

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/18/2017

Para entender el miedo que siente otra persona ante una situación es necesario entender antes esto de nosotros mismos

El miedo puede ser una emoción difícil de transmitir. Por el estado mismo que genera en la persona que lo siente, por la mezcla de otras emociones implicadas (sensación de amenaza, furia, impotencia, desolación, vulnerabilidad, etc.), no siempre es sencillo dar lugar a que alguien exprese con claridad la situación en la que se encuentra.

Por otro lado, sin embargo, existe también otro gran obstáculo que puede llegar a impedir la empatía con personas que se sienten temerosas ante determinadas circunstancias, al cual sí es posible atender por nosotros mismos, pues atañe a nuestra propia compresión del mundo. Dicha dificultad está muy bien expresada en la siguiente viñeta del ilustrador Nathan W. Pyle.

En la imagen se observa a dos águilas que conversan tranquilamente, mientras una lee el periódico y otra bebe un café o un té o alguna otra bebida caliente. Entre ambas se entabla este diálogo:

–¿Piensas que el Búho es un depredador?
–Claro que no. A mí nunca me ha molestado.
–Exacto
–…
–No sé de qué habla el Sr. Ratón.

Si la secuencia necesita más explicación, el propio ilustrador ofreció esta en su perfil de Instagram:

Este cómic intenta ayudar a explicar la idea de que podría ser difícil entender la amenaza legítima que otra persona siente, y requiere que uno mismo entienda su propia posición de privilegio y seguridad.

Nuestra propia posición (ideológica, económica, social, cultural, etc.), puede ser el punto ciego ante la situación de los demás, pues muchas veces implica algún tipo de privilegio del que no somos conscientes y que puede explicar, como las águilas, por qué nosotros no sentimos miedo de circunstancias que a otras personas les pueden aterrorizar.

 

También en Pijama Surf: Este sencillo pero poderoso cómic explica la fórmula de Séneca para vencer el miedo

Cuando Michael Foucault probó el LSD, dijo: "Es la mejor experiencia de mi vida". Aquí la historia

AlterCultura

Por: pijamaSurf - 09/18/2017

Una de las mentes más brillantes del siglo XX se habría transformado después de una experiencia con LSD en el desierto

Muchos tenemos la certeza de que Foucault fue uno de los filósofos e historiadores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Su colega y compatriota, Pierre Bourdieu, resumió así su brillante rol: "una larga exploración de transgresión, de ir más allá de los límites sociales, siempre e inseparablemente ligado al conocimiento y al poder". Pero lo que la mayoría ignora es que en su ávida exploración, Foucault también accedió a experiencias psicoactivas por medio de sustancias. Y en esta faceta de su vida, destaca un viaje de LSD que tuvo en California. 

Este suceso, al cual Foucault se refirió como "una experiencia límite", y que incluso calificó como "la mejor experiencia de mi vida", ocurrió en 1975 cuando el francés impartía clases en la Universidad de Berkeley. Otro profesor, Simeon Wade, confesó que quería hacer un experimento: "Quería ver cómo reaccionaba una de las más grandes mentes de la historia a una experiencia que jamás había vivido". 

Buena parte de la sesión la dedicaron a observar el tránsito de Venus en el cielo. 

Fuimos a Zabriskie Point a ver la aparición de Venus. Michael colocó bocinas a nuestro alrededor, ya que estábamos solos, y escuchamos a Elisabeth Schwarzkopf cantar Las cuatro últimas canciones, de Richard Strauss. Vi a Foucault derramar lágrimas [...] Estuvimos ahí como 10 horas.

Según Wade, el viaje de ácido en el desierto cambió para siempre a Foucault. Meses después recibió una carta donde le decía que "le había cambiado profundamente la vida y la obra". Como si, a través del LSD, Foucault hubiera logrado consumar algo a lo cual había apostado durante décadas de lúcidos cuestionamientos filosóficos: transgredir la identidad impuesta por la sociedad. 

 

Aquí te compartimos una memorable entrevista con Wade sobre la catarsis lisérgica que experimentó Foucault y que habría de marcar sus últimos 9 años de vida