*

X
Hacer nada es lo más difícil, y como suele ocurrir con lo que realmente nos pone a prueba, es lo que realmente vale la pena

Cualquier forma de meditación consciente no es la cosa en sí; nunca puede serlo. Los intentos deliberados de meditar no son meditación. La meditación debe ocurrir; no puede ser invitada. La meditación no es el juego de la mente ni del deseo o del placer. Cualquier intento de meditar es su misma negación. Sólo date cuenta de lo que estás pensando y haciendo y nada más. El ver y el escuchar son el hacer, sin recompensa o castigo. La habilidad del hacer yace en la habilidad en el ver, en el escuchar. Toda forma de meditación lleva inevitablemente a la decepción, a la ilusión, puesto que el deseo ciega. Era una hermosa tarde y la luz suave de la primavera cubría la tierra.

J. Krishnamurti

 

Cuando tu mente experimenta el estado vacío de no pensar en nada en específico, desprovista tanto de constructos mentales como de claridad, observa sin hacer esfuerzo la naturaleza de aquello que se da cuenta de ese estado. Cuando lo haces, hay pura conciencia no-dual (rigpa), sin conceptos, totalmente abierta, libre de interno y externo, como un cielo límpido y luminoso. En esta conciencia pura no hay dualidad entre experimentador y experiencia, y sin embargo es posible tener la clara convicción de que tu verdadera naturaleza no es más que esta. ​

Dilgo Khyentse Rinpoche

 

Aquí renunciando a todo concepto, envuelto totalmente en lo intangible y en lo invisible, uno le pertenece completamente a aquel que esta más allá de todo. Aquí, siendo ni uno mismo ni alguien más, uno alcanza la suprema unión con lo completamente desconocido a través de una inactividad de todo conocimiento, y logra conocer más allá de la mente conociendo nada.

Pseudo-Dionisio, La teología mística

 

Quédense quietos, y reconozcan que yo soy Dios.

Salmo 46-10

 

Parte central de la condición moderna es la movilidad, el estar siempre haciendo algo, siempre ocupándonos. Hay que ser productivos. Hay que hacer que se consuma para que la economía puede seguir creciendo. Hay que aprender más e informarnos para seguir creciendo como individuos y poder competir. Hay que buscar más estímulos para mantenernos ocupados con algo. Esto genera un frenesí, incluso un trastorno de atención a nivel global, como sugiere el maestro de meditación Alan Wallace.

Tal vez este ir y venir, corriendo siempre detrás de objetos y sus estímulos (queriendo estar, al menos virtualmente, en todas partes sin perdernos de nada -digifrenia, lo llama Douglas Rushkoff-), es una de las razones por las cuales la ansiedad es una de las enfermedades mentales que más han crecido en las últimas décadas. El teórico de medios Marshall McLuhan y el poeta W. H. Auden, de hecho, llamaron anticipadamente a nuestra era la era de la ansiedad; entre las múltiples posibles definiciones esta no es la menos apropiada -aunque como queda claro después de leer los Pensamientos de Pascal esta inquietud, este no estar a gusto en silencio, sin hacer "nada", es algo que ha caracterizado al ser humano al menos por siglos. El Premio Nobel de economía Herbert Simon había sugerido en 1971 que en un mundo tan rico en información, se producía necesariamente una carencia: atención, ya que esto es lo que consume la información. De manera relacionada, en una era con tanta información y tantos estímulos -en una economía que capitaliza la atención que captura y por lo tanto se encarga de ofrecer cada vez más ingeniosos medios de captura- necesariamente tendremos individuos adictos a estos estímulos, ansiosos por una nueva dosis (checar su mail, ver cuántos likes recibieron, refrescar la pantalla cada minuto). Y como todo esto ocurre en fragmentos, en snippets, nuestra atención se vuelve más corta y a la vez nos volvemos cada vez ansiosos, puesto que quedamos ávidamente insatisfechos en el espacio entre los estímulos, en el vacío que queremos siempre llenar. Nunca ha sido más fácil evitar lidiar con el aburrimiento que en esta época. 

El problema de recubrir nuestra condición de "aburrimiento", esa ansia existencial de la mente cuando tiene que enfrentarse consigo misma y descubre que su estado interno es uno de fastidio, tedio y frustración (puesto que el mundo es sufrimiento, vacío, muerte), es que con el entretenimiento lo único que estamos haciendo es crear un intervalo, prolongando el período en el cual indolentemente ignoramos la realidad que tarde o temprano vamos a tener que enfrentar: la condición de nuestra mente en un mundo en el cual, por más que lo maquillemos, no podemos obtener satisfacción que dure. En realidad lo que hacemos con el entretenimiento -activando siempre nuestro sistema de recompensa de dopamina- no es muy diferente del hábito tan común entre los adictos de evitar la resaca consumiendo más drogas o alcohol. 

El matemático y filósofo francés Blaise Pascal acuñó esta multicitada frase que se ha convertido en un emblema de nuestra época: "La infelicidad [o la desgracia] del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación". Generalmente se suele citar sola esta frase, pero todos los pensamientos de Pascal alrededor de ella son un verdadero tesoro que analizaremos a continuación. Antes hay que decir que es llamativo que si la felicidad depende de saber estar solos y quietos en una habitación (como se asume que es verdad, en el recurso de autoridad de citar a un filósofo del siglo XVII), las personas hacen lo que sea para evitar esto. Un estudio hace unos años notó que cuando se coloca a personas solas en una habitación sin nada que hacer más que pensar por entre 6 y 15 minutos prefieren darse leves shocks eléctricos que permanecer así. Realmente nos da pánico quedarnos quietos sin hacer nada. Y es que hacer nada es sumamente difícil, si no es que imposible. La mente no para y, cuando no estamos acostumbrados a observarla, no suele gustarnos lo que vemos. El mismo Pascal en otra de sus famosas frases reunidas en sus Pensamientos describió el terror que siente la mente humana ante el vacío, ante el silencio del espacio infinito -acaso esto es lo que se insinúa también en ese reposo solitario, el infinito y la nada se empiezan a hacer patentes y esto amenaza seriamente el confort de nuestro ego.

La primera frase citada de Pascal aparece en el fragmento 139, donde habla sobre el aburrimiento (o tedio). Dice ahí que al considerar las "diversas agitaciones y peligros a los que se exponen" los hombres, que van a la guerra, se enfrascan en enredos pasionales, crímenes y demás, deduce que todo esto viene a razón de que no son capaces de quedarse quietos. Un hombre que supiera estar tranquilo en su casa sin realizar una actividad no tendría necesidad de salir a buscar divertimientos y en el proceso meterse en tantos aprietos. Tenemos aquí una tensión entre el hombre de acción y el hombre contemplativo. Pascal notó, como antes el Buda o los filósofos estoicos que perseguir divertimientos, estímulos o posesiones materiales, como el cazador detrás de una liebre, no conduce a la verdadera felicidad. Los hombres actúan erráticamente "como si la posesión de las cosas que buscan pudiera hacerlos verdaderamente felices", dice. Y, sin embargo, debido a que nuestra condición existencial es realmente miserable, le parece del todo entendible que el hombre no logre estar a gusto en su habitación y haga lo que sea por escapar de esta meditación que es siempre una meditación sobre la muerte y la nada. Pascal ha sido considerado, a posteriori, un existencialista cristiano. Una frase digna del más mordaz de los existencialistas modernos aparece en su fragmento 105: "La grandeza del ser humano consiste en su habilidad de conocer su miseria".

La frase inicial es sumamente rica en matices, puesto que, visto desde una perspectiva menos profunda, tener que quedarse en reposo en su habitación e inevitablemente meditar en su condición es también la fuente más directa de la infelicidad del hombre; no contar con el divertimiento que le permite evitar esto es la condición de su infelicidad y lo que separa a los reyes y a los miembros de la realeza de los hombres comunes. Pascal señala que la realeza es el puesto más hermoso del mundo, justamente porque tiene una fuente inagotable de divertimiento provista por sus súbditos, lo cual le permite evitar (o postergar) "la visión de lo que le amenaza, de las rebeliones que pueden acontecer, y finalmente, en la muerte y en las enfermedades que son inevitables". Hoy en día, con la tecnología todos somos como los reyes de antaño con una inagotable corte de entretenimiento a nuestra permanente disposición, aunque éste sea sólo virtual y de menor riqueza sensorial que la pirotecnia, el ingenio de los bufones, los bailes, los manjares o los mimos de las cortesanas. De cualquier manera esto nos permite no enfrentar nuestra condición, es decir, no conocernos a nosotros mismos. Al final es mejor ser el más humilde sirviente en el cielo que ser rey en este mundo. 

Pascal señala que "el hombre está visiblemente hecho para pensar; ello constituye toda su dignidad y todo su mérito... el orden del pensamiento está en comenzar por sí mismo". Así que lo más digno y aquello en lo cual yace nuestra valía y significado es en el pensamiento, en la meditación, en la autorreflexión. El problema yace en que conocernos a nosotros mismos nos revela de alguna manera arrojados entre dos abismos:

Pues, en fin, ¿qué es un hombre en la naturaleza? Una nada con respecto al infinito, un todo con respecto a la nada, un medio entre nada y todo. Infinitamente distante de comprender los extremos, para él el fin y el principio de las cosas están insuperablemente escondidos en un secreto impenetrable, y es igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido extraído y el infinito donde está sumido.

Entre el infinito y la nada, siendo sólo parte y ansiando el todo, así el hombre tiene esta condición miserable. Sin embargo, aunque Pascal reitera la imposibilidad de conocer ese infinito, incluso de tener certidumbre de la existencia de Dios, no considera que la existencia sea absurda. Habla de la posibilidad de que algunos, elegidos por gracia divina, puedan alzarse por sobre este abismo y trascender las limitaciones del pensamiento humano. Así, famosamente, Pascal llama a apostar por Dios. Ante la incertidumbre y la miseria, aun así creer en la divinidad resulta, incluso matemáticamente, la mejor apuesta.

Pascal no señala que la meditación o el pensamiento en reposo puedan ser medios para conocer a Dios, pero sí dice que no cultivar este pensamiento al distraernos con vanas diversiones nos impide conocernos "y estar en nosotros, lo que nos hace perdernos insensiblemente... el divertimento nos divierte y nos hace llegar insensiblemente a la muerte". Es por esto que el divertimento es "la única cosa que nos consuela de nuestras miserias... y, sin embargo, es la más grande de nuestras miserias". Pascal escribe que la miseria es el "hombre sin dios" y la "felicidad [es el] hombre con Dios". Aunque no alcanza a aclarar del todo cuáles son los beneficios soteriológicos de la meditación solitaria, Pascal sí señala que de alguna manera los hombres que buscan a Dios sinceramente pueden alcanzar a percibir "notas visibles" de la deidad, aunque esencialmente sea un "Deus absconditus". Podemos intuir que hay algo en ese reposo contemplativo, cuando el corazón reflexiona con sincero ardor sobre su propia miseria, que es siempre también anhelo (el amor vive de la tensión de la separación), que permite un conocimiento divino, aunque esto sea algo que descienda de la misma divinidad y no una elección humana.

Para concluir con el análisis de esta frase tan profusa en sus derivaciones, podemos decir que la felicidad que menciona Pascal que produce el divertimento y evitar ver nuestra condición es una felicidad hedonista y la felicidad que nos brinda quedarnos quietos y conocernos a nosotros mismos -aunque en la angustia existencial- es la felicidad eudaimónica, la cual ha sido llamada la felicidad que viene del alma o la felicidad de una vida con significado -significado puesto que al menos nos contemplamos como parte de un universo infinito, o como famosamente escribió Pascal: "el universo es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes pero cuya circunferencia no está en ninguna. Es la marca sensible más grande de la omnipotencia de Dios, que la imaginación se pierde en ese pensamiento". El maestro de meditación Alan Wallace ha comparado esta felicidad eudaimónica al concepto de "dharma", omnipresente en las filosofías de la India, un término que puede traducirse como "religión", "verdad", y también como "significado" (como lo traduce Herbert Günther). Una felicidad que viene de encontrar significado en el mundo, de buscar la verdad, de un sentimiento de religiosidad o conexión con algo superior.

Evitar pensar sobre nuestra condición es fundamentalmente evitar pensar sobre la muerte. Solemos pensar que pensar sobre la muerte es deprimente y nos debe producir angustia e infelicidad, pero, por otra parte el pensamiento sobre la muerte puede ser la más perfecta motivación. Para Sócrates, la filosofía era definida fundamentalmente como un pensamiento sobre y una preparación para la muerte. Evidentemente Sócrates y Platón consideraban que el ser humano era capaz de alcanzar un estado superior a través de la muerte filosófica y así elevar el alma hacia el conocimiento de las ideas o arquetipos, emanaciones de la inteligencia divina. Así que nuestra condición y la muerte misma no eran eventos tan abyectos, algo que quizás era notado justamente como fruto de la meditación. Ese momento de pensamiento en soledad y reposo es, después de todo, el ensayo más cercano y constante que tenemos para la muerte. Y, si la conciencia continúa más allá de la muerte y ella misma determina nuestro destino, entonces obviamente resulta relevante interrogarla e indagar nuestra propia naturaleza. Observar nuestra mente como quien inspecciona el propio vehículo -ese carro posiblemente alado- con el cual puede cruzar una última frontera.

Aunque ya ha sido demasiado largo este artículo para la era de la distracción y la ansiedad, estaría incompleto sin antes mencionar el entendimiento que tienen las tradiciones contemplativas orientales de este "estar quietos en una habitación" (evidentemente, el sentido de la frase aplica a cualquier lugar y no sólo a una "habitación"). Filosofías y religiones enteras se han fundado a partir de lo que un hombre descubre en el silencio y en la quietud, simplemente observando sus propios pensamientos, sobre todo cuando no interviene y simplemente observa. En la India se desarrolló lo que Alan Wallace llama "la tecnología del samadhi", un "telescopio de la mente", la herramienta por excelencia para hacer una ciencia de la conciencia. El samadhi, la claridad y concentración de la mente, justamente surge de la calma y la quietud, según explican estas tradiciones. La inmovilidad de la mente, su mantenerse fija y atenta a voluntad -lo que también se llama "tapas", el ardor de la concentración- va depurando el aparato cognitivo y hace que se haga transparente la naturaleza verdadera de la conciencia. Este cultivo de samadhi, que podemos describir como el fruto del silencio, tiene un efecto purificador, que reestablece el estado natural que es descrito como fresco y luminoso. Este samadhi o pacificación que permite acceder a la máxima amplitud y definición de la mente, en el budismo es combinado con la meditación analítica, con el discernimiento, que es fundamentalmente entender nuestra condición mortal, nuestra condición de insatisfacción en un mundo finito e impermanente -y, a través del entendimiento, establecer un funcionamiento mental que trasciende los modos operativos de la conciencia que generan un mundo en el cual el sufrimiento es la condición fundamental. A diferencia de Pascal, las tradiciones orientales señalan que la mente humana sí puede conocer la realidad, sí puede alcanzar lo divino o eterno, justamente porque esa es su naturaleza, la cual reluce una vez que se ha liberado de todos los constructos y conceptos que la separan transitoriamente de sí misma. Esta naturaleza, que se suele llamar el estado de despertar, es comparada con el Sol que siempre ha estado ahí, pero que dejamos de percibir cuando el cielo se nubla. 

Tradiciones como el taoísmo (con el wu wei), el budismo zen, el budismo dzogchen y mahamudra, o el tantrismo shaiva (con el concepto de anupaya o no método de Abhinavagupta) sugieren, de hecho, que el más alto sendero espiritual es la contemplación sin elaboración, es decir, lo más elevado es no hacer nada -ser, atentamente, sin interferir. Esto es lo más difícil y a la vez lo más simple, lo menos taimado. El estado natural. No hacer nada es hacerse nada (uno se hace como lo que contempla), es vaciarse, lo cual en cierta forma es hacerse todo ("la totalidad y la experiencia en sí misma llegan a ser idénticas", dice Herbert Günther sobre el estado del dzogchen, la supercompleción o gran perfección). Este estado de no elaboración, de no conceptualización, de no identificación, no debe ser entendido como una nada en un sentido absoluto, lo cual sería absurdo (el lenguaje es limitante, y sería mejor hablar de una no-cosidad, no-thingness en inglés; ayin, en hebreo); se trata de una apertura, de un potencial infinito no diferenciado y no limitado (esto es similar a los conceptos de la física de energía del punto cero o a la totalidad implicada de David Bohm). Es una nada meóntica, por usar el concepto de Hegel. Y esta "nada", que el mismo Heidegger consideraba como el espacio resplandeciente del Ser, a lo que más se parece, o lo que más nos acerca a ella, es justamente a estar en silencio, en reposo, en quietud, en nuestra habitación o en cualquier parte, sin hacer algo específico, sin esforzarse (pero sin entrar en un estado de lasitud), sin alterar nuestra naturaleza. Nos dicen diversas tradiciones que esta "nada" es la gnosis más alta, más allá de toda experiencia posible, más allá de todo sujeto que experimenta un objeto. Y le tenemos tanto miedo, justamente como había atisbado Pascal, porque significa nuestra aniquilación, amenaza con destruir lo que creemos que somos, a lo que nos aferramos. Mientras seamos algo no podremos conocer (ser) lo que realmente deseamos, que es siempre todo, el deseo en el fondo de todo deseo por un objeto es la totalidad, la eliminación de toda separación, la erradicación de todo objeto que pueda generarnos un deseo puesto que, entonces, no hay nada que no sea nosotros. Así que para conseguir lo que realmente queremos es necesario nulificarnos, hacernos imposiblemente nada. Y para empezar el camino a esa región misteriosa pero absolutamente íntima que los místicos han descrito -probando los límites del lenguaje- como "la nube del no-saber", una "docta ignorancia", una "oscuridad brillante", "el viaje del solo al Solo", etc., el primer paso es aprender a estar solos, quedarnos quietos y observar atentamente sin conceptualizar.

 

Twitter: @alepholo

Los tres yogas que llevan a la liberación según la tradición: bhakti yoga, karma yoga, jnana yoga

El sabio, para quien el placer y el dolor son iguales, él es quien se acerca a la liberación. 

Bhagavad Gita, 2.15

 

La gran obsesión de las diferentes escuelas filosóficas que se han originado en la India, abundante madre de caminos espirituales, ha sido siempre la liberación. Habiendo notado que este mundo es por naturaleza insatisfactorio (algo que antecede por su obviedad a las nobles verdades del Buda), las diferentes tradiciones trazaron senderos para alcanzar un estado libre del sufrimiento, de la muerte y el renacimiento. Bajo la premisa de que la existencia tiene una naturaleza espiritual y la conciencia o alma perdura más allá de la muerte (ya que el alma se ve a sí misma causalmente encadenada al mundo por sus actos o karmas), las diferentes tradiciones se dedicaron a hallar una forma de liberarse de este mundo y encontrar una dicha inmutable. Esto es a lo que se refiere cuando se habla de liberación: moksha.

Particularmente el moksha, en las diversas tradiciones que han llegado a conformar lo que hoy se conoce como el hinduismo, se refiere a la liberación del alma, que generalmente significa una unión (yoga) o una disolución en una realidad superior, la cual puede ser impersonal o personal, según las diferentes tradiciones (en el budismo esto es un poco diferente pero también hay una liberación de este mundo que es un despertar a la realidad, la cual, sin embargo, no tiene la cualidad de un Ser absoluto que la sustenta ni de un alma individual que se libera). Generalmente, este yoga también significa la desaparición o aniquilación de toda individualidad o historia personal. Conocer a Dios significa volverse Dios, pero necesariamente significa también dejar de ser para siempre alguien (esto tiene algunas excepciones; por ejemplo, en algunas corrientes del vaisnavismo, en las que el alma mantiene una cierta individualidad regocijándose eternamente en su relación con Dios sin precipitarse y anularse en lo absoluto). Lo que es indudable es que aquellos que buscan egoístamente estados de elevación espiritual y sueñan con volverse poderosos seres divinos están condenados, por definición, al fracaso. La totalidad, enseñan estos caminos, es accesible a todos, pero requiere de entregarse completamente a ella. Quien quiere todo (lo real) debe primero renunciar a todo lo que tiene (todas las ilusiones, todo lo que es impermanente).

Tradicionalmente, en la India no se tenía el concepto de religión y no se hablaba de religiones como grupos claramente segmentados y organizados; las categorías como "hinduismo" o "tantrismo" y demás son creadas por académicos occidentales. Se hablaba de senderos (marga), de visión (darshana) y de gurús o maestros. Algunos maestros, no obstante, han trazado en retrospectiva una división de tres caminos o vehículos para lograr la liberación, los cuales son utilizados por muchas "religiones" distintas (según nuestro entendimiento del término), a partir de las enseñanzas que se pueden extraer de los textos védicos y sobre todo a partir de la instrucción que hace Krishna (avatar del Dios supremo Vishnu) en la Bhagavad Gita (la Canción de Dios, un libro universal en el sentido de que es reverenciado por múltiples "religiones") y de sus comentadores. Estos son: jnana yoga (conocimiento), karma yoga (acción) y bhakti yoga (devoción).

La filosofía de la India se caracteriza por una compleja e interminable discusión sobre cuáles de estos métodos son mejores, con las diferentes escuelas defendiendo aquellos que practican e interpretando las palabras de Krishna de forma que se ajuste a sus doctrinas. Un ejemplo de esto es Shankara, el gran fundador del advaita vedanta, quien hace una lectura a favor del jnana yoga en la Bhagavad Gita. En realidad la Bhagavad Gita señala que estos tres senderos son efectivos, pero evidentemente hace un énfasis en el karma yoga y en el bhakti yoga, este último siendo especialmente practicado por los devotos de Krishna y considerado su introducción particular al mundo en la época oscura o Kali Yuga, en la cual aparentemente declinan las capacidades mentales de las personas para sostener sistemas como el jnana yoga, más complejo y abstracto, y más cercano al brahmanismo. Se dice en la Gita que Vishnu (Krishna) desciende al mundo cuando el dharma se oscurece y los hombres se desvían. También hay que mencionar que estos tres yogas no son para nada excluyentes mutuamente, sino complementarios y en realidad cada uno tiene algunos factores del otro, aunque de manera menos enfática. La devoción, por ejemplo, necesita del conocimiento --aunque sea de un tono emotivo-- de que la divinidad es la realidad y no el propio ego, para entregarse con fervor y ser capaz de ver a Dios en todas partes. La acción, que es una acción desapegada en cumplimiento del deber, tiene un carácter esencialmente devocional en tanto que todos los actos son vistos como sacrificios a lo más alto; y el conocimiento no puede escapar de la acción completamente en su misma interrogación de su propio ser para desidentificarse con su yo separado y adherirse a la divinidad, aunque ésta sea impersonal. En realidad, los practicantes de estas disciplinas generalmente realizan algunas prácticas específicas de otros de los yogas, aunque éstas son sólo complementarias y no centrales. El mismo Shankara habló de utilizar a una deidad personal en el sendero como algo que puede ser útil. Por otro lado, existen senderos como el tantrismo, tanto budista como hinduista, que abiertamente abrazan estos tres yogas y los combinan, argumentando que el sendero más eficaz es la combinación de los tres.

Algunas personas incluyen, cuando se habla de los diferentes yogas que llevan a la liberación, al raja yoga, el yoga regio, al cual Vivekananda equiparó con el yoga de Patanjali, basado fundamentalmente en la meditación y en la obtención del samadhi (en este caso, samadhi como iluminación y no paz o concentración). Quizás podríamos incluir a la meditación con la devoción, la acción y el conocimiento como uno de los cuatro grandes caminos hacia la liberación. Sin embargo, hay que decir que tradicionalmente no se considera al raja yoga en este conjunto, sino que se habla sólo de los tres yogas. Y es que todos estos senderos incluyen a la meditación como parte de sus métodos, pero no consideran que la meditación en sí misma y por sí misma obtenga la liberación. Algo que también ocurre en el budismo mahayana, donde aunque la meditación es fundamental, se habla de que es necesario practicar la compasión y encontrar la sabiduría para realmente poder alcanzar la liberación del samsara, de otra manera sólo se obtiene el estado de un dios (un samadhi muy alto que suele confundirse con la iluminación), en el que se suprime completamente el samsara, pero se debe regresar hasta encontrar la completa liberación que es el estado de un buda.

Lo que puede resultar interesante a los lectores es que cada uno de estos yogas suele vincularse con una cierta personalidad, la cual se ve más inclinada a su práctica. El sendero del jnana es el del intelecto; el del karma es el del cuerpo y el del bhakti el del corazón.

El jnana es el camino indicado para las personas que se relacionan con el mundo a través del intelecto y tienen gran capacidad para concentrar y dirigir su atención. Se trata de autointerrogarse de manera meticulosa y analizar todas las percepciones y conceptualizaciones hasta cortar de raíz la identificación con un yo separado de la deidad o la Conciencia absoluta.

El karma yoga es considerado un camino apto para las personas extrovertidas, activas, valga la redundancia. Actuar para en el acto desprenderse de las cosas que nos atan; dar para darse (a dios) en el dar. Los que practican esto suelen utilizar técnicas, como la repetición de mantras, para que en su quehacer mundano estén de alguna manera libres de los deseos, miedos y esperanzas mundanos. Están en el mundo pero no son del mundo.

El camino de la devoción o el amor divino atrae generalmente a aquellos que se vinculan con el mundo de manera emocional y que tienen por naturaleza fe. Se trata de obtener tonos, sensaciones, sabores e información no verbal ("rasas", en sánscrito) de la divinidad y entregarse a ella con pasión. La respuesta devocional ante lo sublime genera una lluvia de bendiciones y un proceso alquímico de transformación a través del sentimiento de amor hacia la deidad. A diferencia del amor completamente falible y frustrante hacia una persona --que envejece y muere-- el amor a Dios le permite permanecer siempre ante el objeto de su amor --ya que la deidad es omnipresente-- y de esta manera transformar el mundo entero en un espacio sagrado, animado por la dulzura del encuentro con su amado, el cual está siempre presente, siempre colmando la existencia de su deleite. El gran ejemplo de esto son las personas que practican dentro del vaisnavismo gaudía, para quienes el mundo es el lugar donde Krishna juega su divino juego y donde deja las señas y rastros de su amor, los cuales son perseguidos con un fervor fabuloso.

 

El conocimiento (jnana yoga)

La Bhagavad Gita narra el momento en el que Arjuna, de la casta guerrera, se cuestiona su participación en una guerra en la cual deberá matar a sus propios parientes. Arjuna le dice a Krishna que todos los tesoros y placeres de este mundo no pueden deshacer y aliviar las marcas que deja en una conciencia matar a nobles y queridos guerreros. Krishna entonces le enseña el yoga del conocimiento, el cual está basado en el conocimiento del Atman (el yo superior, el Ser o espíritu) y su identidad con Dios. Grosso modo, el conocimiento tiene como fundamento saber que aquello que creemos que somos --como individuos identificados con cuerpos finitos-- es una delusión; lo que realmente somos es el Ser único, el Espíritu Universal, quien es el que realmente experimenta y disfruta las cosas que creemos vivir. Lo que en realidad somos, esta divinidad que es a la vez inmanente y trascendente, es indestructible. Sabiendo esto podemos actuar en el mundo y podemos dejar de aferrarnos a una identidad menor, indefensa ante el cambio y la otredad, lo cual es lo que produce sufrimiento. Estos son los versos con los cuales Krishna convence a Arjuna para que éste tome su lugar en la batalla en el campo de Kuru:

El no-ser nunca puede ser;

el ser nunca puede no ser.

Estas dos afirmaciones son obvias

Para quienes han observado la verdad.

 

La presencia que permea el universo

es imperecedera, inmutable,

más allá del es y no es:

¿Cómo podría desaparecer?

 

Estos cuerpos llegan a un final;

pero el vasto Ser (Atman) corporizado

es sin edad, insondable, eterno.

Por ello debes luchar, Arjuna.

 

Si crees que ese Ser puede matar

o crees que este ser puede ser matado

no entiendes bien

los caminos sutiles de la realidad.  

 

Nunca nació; habiendo sido,

nunca no será.

Nonato, primordial

no muere cuando el cuerpo fallece.

 

Sabiendo que es eterno, nonato,

más allá de la destrucción,

¿cómo podrías tú matar?

¿Y a quién matarías, Arjuna?  

 

Meditar sobre esto y hacer una autointerrogación ontológica es la base del jnana yoga. Específicamente, la tradición del vedanta es la que más se asocia con el jnana yoga. Se práctica esencialmente un método de preguntarse por ese Atman, de meditar, como explica Nisargadatta Maharaj, "en el yo soy eso por lo cual sé que soy". Es decir, lo que somos no es ninguna cosa en particular que podamos conocer, como un cuerpo o un pensamiento, sino la conciencia primordial que permite que tengamos experiencias, conocimientos. El espacio mismo que alumbra las cosas. Por utilizar una metáfora: no somos un ave, un avión, una nube o demás, somos el cielo mismo en el cual aparecen todos los contenidos. La sensación básica de esto, aquello que siempre existe más allá de toda condición, es la sensación "yo soy". Para alcanzar el Ser, sin embargo, es necesario tomar una vía negativa, neti neti y notar todo lo que no somos. Lo que queda es el Ser absoluto que no cambia, que es sólo la luz silenciosa de la conciencia primordial no-dual. Aunque este es considerado el camino supremo por Shankara, uno de los más grandes pensadores en la historia de la India, y ha producido grandes maestros realizados como Ramana Maharsi y Nisargadatta Maharaj, generalmente, a partir de la Bhagavad Gita, se considera el camino más difícil y que requiere el mayor ahínco de la mente. Shankara definió su jnana así: "Sólo Dios es real. El mundo es irreal. El individuo no es más que Dios".

 

La acción (karma yoga)

El karma yoga es el camino de la trascendencia del yo, a través de la acción desapegada y desinteresada, libre de una finalidad, de una ansía por un fruto o un resultado. Es sobre todo un camino para las personas que practican dharma sin convertirse en monjes o renunciantes, son lo que en India se conocía como los propietarios, los que tienen familias y casas.

En la Bhagavat Gita, Krishna explica que, evidentemente, el ser humano nunca está libre completamente de una acción. Para subsistir en el mundo necesitamos actuar. Aun cuando seamos renunciantes y suprimamos nuestra participación en la sociedad, y seamos capaces de silenciar la mente, el mundo sigue manifestando apariencias, el maya sigue produciendo fenómenos, por lo cual nuestros sentidos siguen formando percepciones y recibiendo impresiones de objetos. Asimismo, mientas estemos vivos nuestros cuerpos siguen respirando y digiriendo y realizando otros procesos, los cuales son acciones. Así entonces, la verdadera renuncia no es a actuar, es al fruto del acto.

En la mayoría de las diferentes corrientes filosóficas de la India se enseña que lo que encadena al ser humano al ciclo de muerte y renacimiento --y por lo tanto, de sufrimiento-- es la acción, específicamente el deseo o la intención que coexiste con el acto, ya sea una percepción, un pensamiento, un recuerdo, un acto físico como puede ser comer, tener sexo y demás. Sin embargo, existe una forma de liberarse de esta cadena de formación de karma: actuando sin finalidad, sin la búsqueda de algo a cambio, sin deseo: "El mundo está encadenado por la acción salvo cuando la acción es realizada como un sacrificio. Con esto en mente, oh hijo de Kunti [Arjuna] actúa, pero sin apego".

El sacrificio, aunque tiene una connotación muy específica en el caso de los Vedas, toda una serie de diferentes procedimientos elaborados, con los que una persona busca obtener el estado de la divinidad, realizando ofrendas, purificaciones, recitando mantras y demás, en el caso de Krishna indica sobre todo el rendir el yo inferior al yo superior (Atman), en tener en mente a la divinidad al actuar y seguir el dharma o el deber de cada alma con absoluta confianza. Sacrificando en cada acto, "darás sustento a las deidades y las deidades te darán sustento", dice Krishna, lo cual produce "el supremo bien". En realidad los tres yogas que enseña Krishna están interrelacionados, sólo que cada uno tiene un especial énfasis en algo. Lo cual queda claro cuando Krishna le dice a Arjuna: "Conoce que todas las acciones surgen del Brahman (la base existencial), que tiene su origen en el Imperecedero (akshara-purusha) (el Ser Universal). Por lo tanto el omnipresente Brahman siempre está establecido en el sacrificio". En la tradición védica el mundo es creado y tiene su sostén en el sacrificio del Purusha, el hombre cósmico o espíritu universal, es por esto que todas las cosas están basadas en el sacrificio. Así, actuando sin apego --sacrificando-- el hombre está resonando o sintonizando siempre el origen, la divinidad, lo misteriosamente imperecedero, quien es a fin de cuentas quien realiza el sacrificio cuando el hombre sacrifica: es el sacrificante, el fuego del sacrificio, la oblación, la liturgia, todo es Brahman, etc... Quedan unidos entonces el karma yoga y el jnana yoga en el sentido de que el yoga de la acción está apuntalado en el conocimiento de que lo real es el Brahman y no el ego, y en que la acción desapegada es una forma de sabiduría en acción.

 

La devoción (bhakti yoga)

En el doceavo capítulo de la Gita, después de haberle mostrado su forma universal airada, con el resplandor de mil soles, en la que el universo entero, la creación y la disolución en perenne revolución, se hacen visibles, apenas siendo un fragmento de la totalidad de su ser, Krishna le enseña a Arjuna el yoga de la devoción. La teofanía que le mostró es, de hecho, una suerte de obsequio reservado sólo a sus devotos, justo para aquellos que ven al Señor en todo lados. Krishna explica que el jnana yoga, que tiene como objeto a la deidad impersonal, al Brahman informe, es un sendero sumamente complejo, por lo cual se puede intuir que el bhakti yoga es lo recomendable: "Mayor es la dificultad de aquellos cuya mente se adhiere a lo Inmanifiesto, puesto que lo Inmanifiesto implica un sendero más complejo". Lo Inmanifiesto "es omnipresente, inconcebible, lo más alto, inmóvil y firme". Pero alcanzar esto requiere de una concentración enorme, sin titubeos, restringiendo los sentidos, y de una completa ecuanimidad. Algo digno de los rishis (los videntes inmortales) de épocas remotas.

"Pero aquellos que renuncian a todas las acciones en mí, que fijan su intención en mí --ellos me veneran contemplándome en un yoga sin distracción", dice Krishna, introduciendo su bhakti. Así, los que practican la unión con la suprema personalidad de Dios a través de la veneración, de la fe, de anular su propio ego y su propia importancia personal en el fuego de la divinidad, a quien aman y a quien sirven, estos alcanzan el mismo estado supremo de liberación (moksha) e integración con el Ser absoluto, sólo que con una mayor facilidad.

Krishna enaltece el bhakti yoga: sus verdaderos devotos son aquellos que no se retiran del mundo pero que, estando en él, no muestran preferencia por el placer o rechazo frente al dolor; que no oscilan entre los extremos, no odian ni son presa de euforias; aquellos en los que la inquietud y la intranquilidad ha cesado; aquellos que no buscan la fama o las alabanzas y no les preocupan los reproches de los demás, aquellos que están más allá del apego... El devoto es:

silencioso, contento con lo que surge, quien no tiene hogar, quien tiene una mente estable y llena de devoción --ese hombre me es preciado. Aquellos que veneran este dharma, que es un néctar inmortal, que tienen fe y me enaltecen como el objetivo supremo y se consagran a mí --ellos me son especialmente queridos.

En resumidas cuentas, se trata de enamorarse de la divinidad, de verla en todas partes y dejarse consumir por su fuego.

 

Twitter: @alepholo