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Ometeotl: Una interpretación filosófica sobre la divinidad polar trinitaria del México antiguo

AlterCultura

Por: Juan Phoenix - 09/21/2017

En un intento por rescatar el simbolismo cosmogónico del ancestral pueblo de Anáhuac (hoy conocido como México), expondremos una interpretación más cercana a la filosofía de los anahuacas

¿Qué forma tendrán nuestros rostros en la casa del misterio? ¿Es aquello real o acaso no lo es? ¿Quién puede, de cierto, definir la verdad? El Dador de Vida se muestra impenetrable.

Cantares de los Señores

Y quisiera alegrar al desventurado fauno, que yace allí bajo la tierra dormida.

W. B. Yeats

En un intento por rescatar el simbolismo cosmogónico del ancestral pueblo de Anáhuac (hoy conocido como México), expondremos una interpretación más cercana a la filosofía de los anahuacas, pues debido a la confusión producto de la imposición cultural y religiosa, así como las dificultades propias de adaptar términos de una lengua profundamente ligada a un pensamiento filosófico tan distinto al europeo, propician que surjan interpretaciones erróneas o superficiales, que carecen del significado trascendental en que su lengua madre los concibió.

El significado tradicional que actualmente se atribuye al término Ometeotl puede generalizarse como: "Divino Señor de la Dualidad", lo cual dista bastante de la visión que tenían de Ometeotl los pobladores del antiguo territorio de México, pues el término Ometeotl es una expresión para designar una rica filosofía producto de un pueblo culto con un pensamiento metafísico altamente sofisticado que representaba como divinidades de su panteón. Para adentrarnos al conocimiento detrás de este término primero es necesario conocer el origen de la palabra, así como clarificar las confusiones interpretativas que han surgido en su estudio.

Según nos dicta la etimología, el termino Ometeotl está compuesto por:

"ON" (prefijo reverencial) + "E" (tres) + "OME" (dos) + "TEOTL" (divino)

La partícula "On" significa unidad, Por su parte, la raíz "E" significa tres; cuando se unen, ambos elementos componen el número "Ome", dos. A su vez, cuando el número "Ome" se une con otro término, pierde la desinencia "E" (salvo excepción), como en "Ome" (dos) + "Teotl " (divino) = "Onteotl" (divina dualidad); sin embargo, el componente “Ome” del nombre de Ometeotl no se refiere al número 2, sino a la composición "Om-E", (respetable 3). De ahí que el informante mexica que asesoró la confección del Códice Vaticano lo tradujera como "Señor de Tres Dignidades" (Om, "digno" + E, "tres" + Teotl, "divino"), por lo que la traducción más acertada seria:

Ometeotl: Divina Uni-Dual-Trinidad. Ometeotl es único en esencia, triple en acción y dual en manifestación.

Este detalle no lo tuvo en cuenta el padre Garibay Kinana, quien en la década de 1940 lo dio a conocer cuando tradujo los cantos mexicas, traduciéndolo como “dios dual”, y tampoco los miembros de la llamada "mexicanidad" que, a fines del siglo pasado, tomaron el nombre de Ometeotl de las obras de Kintana y Portilla, con todo y traducción.

Omeyocan: este es como si dijésemos la 'Causa Primera', por otro nombre llamado Ometeotl, que es tanto como 'Señor de Tres Dignidades'.

(Códice Vaticano 3738, única fuente conservada que explica el termino como “Señor de Tres Dignidades”)

Todos estos detalles aunados a la idea del “dualismo” del cristianismo occidental moderno, como un concepto moral de "el bien" y "el mal", condujeron al entendimiento erróneo de Ometeotl como personificación de la toxica idea dualista del cristianismo moderno (hago énfasis en el término “moderno”, pues la doctrina del cristianismo ha sido tan deliberadamente manipulada y alterada que el cristianismo moderno puede considerarse una fragmentación adulterada del cristianismo original primitivo; todo parece indicar que la idea de dualidad no existía en el cristianismo original, esta idea fue posteriormente adoptada de la antigua religión zoroástrica).

Ometeotl no tenía templos; era, pues, casi desconocido por el pueblo común, pero muy nombrado en los poemas de las clases altas, pues aparece en las Antiguas Palabras y en los Cantares de los Señores, que son documentos más bien filosóficos, y ahí es donde yace la clave para entender la profundidad del término.

El principio de la tríada se puede encontrar en muchas religiones trinitarias, y en diversas escuelas filosóficas y/o esotéricas, como la de los egipcios, los hindúes o la propuesta teológica de la Santísima Trinidad de los cristianos; también encontramos la triple gema del budismo, o los tres principios de la alquimia; en esencia todos representan lo mismo, pero cada uno manifiesta una visión única propia de sus creencias, cultura y su facultad de percibir al mundo a su propia manera.

Ometeotl, en la ideología tolteca, viene a encarnar:

  • 1- El principio creador y sustentador del Universo. 

  • 2- La conciliación de las polaridades, es decir, de todo lo manifestado (Tonal) y todo lo oculto 
(Nagual), para armonizar los opuestos complementarios hacia un fin superior. 

  • 3- La personificación del proceso perceptual. 


La energía no se crea ni se destruye, esta propiedad energética del universo recibe el nombre de “Senteotl” de raíz “Sentli” (unidad, maíz) + “Teotl” (divino) = “divina unidad” o “divina semilla”. El término se refiere a la unidad filosófica, pero también al "alimento divino", que es la energía vital.

A fin de crear el mundo, Senteotl se manifiesta como Ometeotl. Ometeotl es el creador del espacio-tiempo; se manifiesta como una multitud de “dioses”, que en verdad son personificaciones de las fuerzas de la naturaleza, proyectadas por la psique humana.

Ometeotl es aquello que algunos han llamado “Dios” en su aspecto más elevado, no siendo, en el sentido estricto de la palabra un «ser», ya que, siendo autocontenido y autosuficiente, no puede ser limitado por la propia existencia, que limita a todos los seres. Todo proviene de Ometeotl y todo regresa a Ometeotl; es, pues, el equivalente de lo que los judíos denominan Ein Sof.

Ometeotl es un potencial de acción, pues lo divino es una propuesta de acción. Lo de Uni-Dual-Trinidad es el intento de conciliar nuestras polaridades; los antiguos mexicanos no eran dualistas, sino polaristas, pues la doctrina de la dualidad supone que hay dos entidades o fuerzas distintas en el universo, mientras que la doctrina de la polaridad afirma que hay una sola con dos polos o manifestaciones. La polaridad es complementaria y armónica; la dualidad es excluyente.

Esta unidad creadora, de quien todo lo creado emana y se manifestó a través de Ometeotl, se desdoblaba como fuerzas naturales que interactuaban con el mundo físico (Tonal) y con lo impalpable (Nahual) y así se manifestaba el principio de polaridad/complementariedad latente en todo lo creado; a este principio lo llamaron OMETEOTL.

En cuanto a su cualidad trinitaria, el tres refleja el proceso del acto perceptual, compuesto de un sujeto, un objeto y una relación. La triple naturaleza de la percepción, es decir, sensación, selección-interpretación y la facultad volitiva creadora y consciente del acto mismo de percibir. Sintetiza entonces la conciencia, la voluntad y la capacidad creadora del ser humano.

A Ometeotl se le representaba con el emblema del triángulo con un nudo u ojo en el centro, o bien con tres ojos. Aquí algunas imágenes tomadas de vasos teotihuacanos, pues el concepto de la fusión de la polaridad en la trinidad existe en Anáhuac desde la época olmeca.

Imagen del Templo de la Agricultura, Teotihuacán: dos grupos de nueve pirámides organizadas en tres paquetes cada uno, sintetizados por el glifo "cielo emplumado o precioso", símbolo de Ometeotl. Obsérvese que las escaleras de las pirámides son similares a cadenas de ADN, en tanto sus santuarios están formados por el glifo de los triángulos cruzados, emblema de los ciclos de tiempo. Debajo, nubes con "perros-naguales" que transportan semillas. El conjunto de estos símbolos son representaciones de un pensamiento de tipo evolucionista.

 

En el libro titulado Kinam: El poder del equilibrio, del investigador antropológico Frank Diaz, leemos:

Una de las ideas básicas de la cosmogonía tolteca es que las cosas no salieron “de la nada”, sino que fueron paulatinamente evolucionadas por Ometeotl a través de sus poderes auxiliares: las fuerzas y leyes de la naturaleza. Dicho en otros términos, la creación era para ellos un proceso continuo, que va de la oscuridad a la luz (Tlilli-Tlapalli), a través del progresivo despertar de la conciencia. Consideraban que este proceso es tan universal, que ocurre incluso en términos biológicos. Los mesoamericanos fueron  probablemente el único pueblo del mundo antiguo que tuvo creencias evolucionistas, en un sentido afín a lo que ha descubierto la ciencia.

Veamos, por ejemplo, la siguiente cita del Popol Vuh sobre la humanidad que nos antecedió en la Tierra:

Dicen que la descendencia de aquellos hombres son los monos que ahora existen en los bosques. Por esta razón el mono se parece al hombre: es la muestra de una generación creada.

(Popol Vuh I.IV)

El concepto tolteca de la evolución recibía el nombre de senkawa, un movimiento que tiende a la perfección, donde la raíz sen, uno, indica que esa perfección se concebía como un retorno a la unidad. Según esta idea, la evolución del primate no termina en el hombre, sino que va más allá, hasta el plano de existencia de los “dioses”, e incluso sigue ascendiendo, gracias a la toma de conciencia de las “serpientes emplumadas”, hasta integrarse de nuevo en Ometeotl.

Ahora bien, es evidente que tenemos órganos de percepción, ojos, oídos, gusto, tacto y olfato... Entonces, probablemente, este sistema de percepción ha sido diseñado  para recibir información. Si es así, es razonable suponer que la información existe. Si existe información, probablemente pertenece a algo, pero he aquí donde surge una de las mayores trampas perceptuales en las que cae el ser humano, y que Frank Diaz expresa a su propia manera:

Como la mente del primate ve objetos, cree que la totalidad es igual a la suma de sus componentes. La mente del primate razona que, si cada objeto tuvo una causa, la Totalidad también tiene que tenerla. Tal es el origen de las religiones teístas y de la ciencia materialista. La mente del primate está bien para el primate, pero no para quienes tratamos de trascender nuestra herencia animal. Si queremos entender cómo funciona el universo, cómo llegamos a existir y cuál es nuestro propósito en la vida, necesitamos una mente nueva, una mente capaz de ABSTRAER. La razón es un medio, no un fin; el fin es el conocimiento de la realidad.

El semántico Alfred Korzybski denominó "conciencia de abstracción” al conocimiento del mecanismo generalmente inconsciente mediante el cual cada uno de nosotros hace el mundo a su propia imagen.

La filosofía detrás del concepto de Ometeotl es muy profunda y nos propone la idea de que tal vez el mundo sólo sea un medio para un fin más alto y el cuerpo una herramienta que puede utilizarse para lograrlo; tal vez algo misterioso en el espacio-tiempo decidió retornar al origen, pero con la ganancia de la conciencia de sí, ya que “Moyocoyani”, aquel que se inventa a sí mismo, es otro de los múltiples nombres con que se conoce a Ometeotl.

Aunque la energía está más allá de descripción y entendimiento, es posible percibirla e interactuar con ella a través de sus infinitas manifestaciones. La evolución natural tiene límites. Toda forma de percepción es limitada. Por ello, todo entendimiento de la realidad es imperfecto y perfectible. Nuestra única posibilidad de trascendencia consiste en intentar deliberadamente el acrecentamiento de la percepción, tal propósito nos impulsa a evolucionar, es decir, a acrecentar nuestras capacidades perceptivas. La experiencia máxima consiste en diluir el condicionamiento perceptual propio de nuestra especie y fundir la propia conciencia con el aspecto consciente de la energía cósmica, haciéndonos canal de su triple naturaleza.  

La cita anterior pertenece a Frank Diaz, que por exponer sus ideas e investigaciones ha sido difamado, ignorado y ridiculizado no sólo por la comunidad antropológica sino por todo tipo de personas conservadoras, acusándolo de pertenecer a la corriente new age, siendo que Frank es poseedor de un pensamiento altamente crítico; además de experto en el sistema calendárico mesoamericano basa sus teorías en el estudio de fuentes primarias, el dominio de la lengua náhuatl, así como en prácticas de descondicionamiento de la percepción, pero sobre todo con su compromiso con el estudio formal y difusión del pensamiento de Anáhuac.

Nota: las ideas aquí expuestas son producto del estudio del trabajo académico de Frank Diaz. Para los interesados en la filosofía mexica interpretada por Frank, aquí pueden ver un muy interesante video: La filosofía tolteca.

La correspondencia entre los elementos, humores, planetas y tu signo astrológico y temperamento

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/21/2017

Los 4 elementos están vinculados a un planeta, a una estación del año, a un humor, a una fase de la Luna, a un signo astrológico y demás

La astrología occidental ha incorporado aspectos de diferentes tradiciones, fundamentalmente de la cultura babilónica y caldea, egipcia y griega. Se ha basado en un sistema de correspondencias simbólicas y matemáticas, en las que cada planeta y signo del zodiaco tiene una serie de vínculos con cosas que son similares por analogía. El pensamiento astrológico, como el hermético, funciona fundamentalmente a través de la analogía. Parte de la noción de una correspondencia entre el cielo y la tierra, entre dios y el hombre. Central a todo este edificio de vínculos son los cuatro elementos de la naturaleza, que son los componentes de todas las cosas y tienen una clara relación matemática con el círculo, los 360 grados y las 12 zonas en las que se divide la bóveda celeste.

Como explica Marcos Patchett de la Astrology Academy, en la visión tradicional de los elementos de la filosofía griega cada elemento era una combinación de dos cualidades activas, calor y frío, en combinación con dos pasivas, humedad o sequedad. De aquí también se deriva la teoría de los humores en la medicina, según la cual los elementos deben de ser regulados o balanceados y cada persona tienen un elemento y humor predominantes. El fuego está asociado con el calor, el aire con la humedad, el agua con el frío, la tierra con la sequedad. Las interacciones de estos elementos son las que generan, conservan, corrompen y destruyen todas las cosas. El fuego causa el movimiento hacia la generación o creación; inspira, motiva, produce deseo. La tierra causa la conservación o la durabilidad; es sólida, coherente, inmóvil. El aire es necesario para la vida pero produce corrupción, como la humedad produce decadencia. El agua era considerada el elemento asociado con la destrucción, como en el caso de los mitos de los diluvios. Al mismo tiempo, el agua es fértil; y es que los antiguos entendieron que cada cosa contenía su contrario en una relación dinámica. Los signos astrológicos de agua (Cáncer, Piscis, Escorpión) son los más fértiles. El aire está asociado con el humor o temperamento sanguíneo, el agua con el flemático, el fuego con el colérico, y la tierra con la melancolía (la bilis negra). Todo esto lo podemos ver en la siguiente tabla, la cual está en inglés pero que explicaremos a continuación.

Como vemos aquí cada elemento está relacionado con una cualidad, una temporada del año, una edad en el hombre, un temperamento, un humor, una fase lunar y uno o dos planetas. Hay que recordar que en el sistema clásico de la astrología no existen Plutón, Urano y Neptuno. Para completar esta gráfica, a continuación los signos astrológicos y los planetas que los rigen:

 

Luna: Cáncer

Mercurio: Geminis, Virgo

Venus: Tauro, Libra

Sol: Leo

Marte: Aries, Escorpión

Júpiter: Piscis, Sagitario

Saturno: Capricornio, Acuario

 

En la astrología moderna Piscis (agua) pasa al dominio de Neptuno, Acuario (aire) a Urano y Escorpión (agua) a Plutón. Sabiendo esto puedes regresar a la tabla y vincular tu signo con uno de los elementos para descubrir tu fase lunar, tu elemento, tu edad arquetípica, tu estación del año y demás.

Cornelius Agrippa, autor de uno de los libros que lidia con estas correspondencias con mayor profundidad (Tres libros de filosofía oculta), escribe que el fuego constantemente se incrementa a sí mismo y otorga grandeza a las cosas que lo reciben. El fuego se divide en uno superior, cósmico, ligado al Sol, y uno inferior o infernal ligado a Marte. El fuego, como el carisma, puede inspirar o destruir. El aire, dice Agrippa, es un espíritu vital que penetra en todos los seres; los hebreos lo consideran un medio o pegamento entre las cosas: recibe la influencia de los cuerpos celestiales y la comunica. El aire rige la mente. El agua, dice Agrippa, es el elemento de regeneración espiritual y tiene la potencia de destruirlo todo. La tierra es el fundamento de todos los elementos, y contiene la semilla de todas las cosas, es lo que hace que fructifiquen.  

Saturno y Marte eran considerados maléficos; Júpiter, benéfico (al igual que el Sol, aunque en menor medida); y la Luna y Mercurio, neutrales o que toman cualidades de otros. 

 

Con información de Academy of Astrology