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Hombre muere al correr a través del fuego en ceremonia de Burning Man

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/04/2017

Un hombre corrió a las llamas en el tradicional incendio de un hombre gigante de madera en el festival Burning; murió poco después

El festival Burning Man, que se celebra estos días en el desierto de Nevada, en Estados Unidos, se caracteriza por impresionantes instalaciones, algunas de las cuales son tradicionalmente incendiadas, incluyendo, obviamente, un hombre de fuego, símbolo de la transformación y el renacimiento.

Este año un hombre identificado como Aaron Joel Mitchell, de 41 años, murió luego de que se metió al fuego, superando un perímetro de seguridad. Mitchell fue rescatado por bomberos y llevado al hospital por quemaduras y murió poco después. No se sabe si fue un suicidio, un acto bajo la influencia de las drogas o simplemente quiso atravesar el fuego, algo que algunos tradicionalmente hacen de manera desafiante en este festival. Burning Man anunció que cancelaría algunos otros eventos de fuego pero llevaría a cabo el incendio del templo, el evento con el cual se cierra el festival al cual asisten más de 70 mil personas.

El festival concluye este lunes después de 9 días de música electrónica en el desierto, instalaciones de arte psicodélico, tecnología de punta y un creciente grupo de asistentes del jet set y de millonarios de Silicon Valley. Anteriormente otros asistentes han sufrido quemaduras por correr a través de las llamas, por lo cual se había colocado un perímetro de seguridad, pero fue violado.

El sheriff Allen dijo:

las personas intentan correr a través del fuego como parte de su porción espiritual en el festival. El significado del hombre quemándose es una forma de renacimiento, queman al hombre y un nuevo capítulo comienza. Es parte de su autoexpresión radical.

Algunas culturas paganas realizaban ceremonias de fuego similares, algo que puede verse en la película El hombre de mimbre, donde queman a un policía en el mismo fuego en el que queman al "hombre de mimbre".

Hoy podemos alquilar y simular prácticamente todo, incluyendo un padre

Uno de los casos más aberrantes de la conjugación entre mercado y emociones –fenómeno que, por cierto, marca tristemente nuestra época– podemos encontrarlo hoy en Japón. A pesar de que los prestadores de este distópico servicio advierten que no debe usarse como una "muleta emocional", la frontera entre las emociones y la practicidad es débil, demasiado débil.

Por entre 70 y 275 dólares puedes rentar un papá. No importa cuál sea la circunstancia que te orilla a hacerlo, es decir, ni la causa de la ausencia de un padre en tu vida (sea por muerte, abandono o hastío), ni el ritual social o necesidad legal que te orilla a buscar uno a toda costa; incluso si es rentado, esta agencia tiene para ti un padre dispuesto a acompañarte al altar en tu boda, secundarte en una pedida de matrimonio o simplemente asistir a un evento y decir unas conmovedoras palabras. 

A fin de cuentas, vivimos en la era de la simulación: simulamos saber cosas que estamos lejos de entender, simulamos actitudes, conductas y filosofías con tal de pertenecer a un grupo social o encajar en un cierto perfil, simulamos orgasmos y evolución espiritual, simulamos riqueza y hasta podemos conseguir tatuajes efímeros; pero aun para nuestros estándares de la sociedad simulada, la posibilidad de alquilar un papá parece un tanto escandalosa. 

En todo caso, si algún día necesitas uno y no tienes problemas con que hable una lengua extraña y sus rasgos no correspondan a los tuyos, en Japón te espera uno (y muy amoroso).