*

X
'Dharma' es un término central en las tradiciones religiosas de la India, sumamente complicado pero con una riqueza que brinda un profundo entendimiento y sentido a nuestras vidas

Dentro de la espiritualidad pop o new age se utiliza el término "dharma" de manera muy suelta y reduccionista, generalmente equiparándolo (ya sea como su contrario o su complemento) con el término "karma". Se habla de que una cosa es un karma y otra un dharma, sugiriendo que el dharma no es más que una especie de karma positivo (sin comprender tampoco el significado de karma: "acción", específicamente acción intencional no ligada intrínsecamente a una cualidad positiva o negativa), y se suele utilizar la frase "mi dharma" como un imperativo moral o existencial, como si el dharma fuera una cosa y se pudiera poseer. Asimismo se habla del dharma como una especie de destino personal o un propósito existencial, una especie de misión en la vida -algo que no es del todo incorrecto, si tomamos en cuenta uno de los múltiples usos de esta palabra, como la utiliza en ocasiones Krishna en la Bhagavad Gita, cuando exhorta a Arjuna a seguir su dharma y luchar en la gran batalla de Kuru. Estas interpretaciones se deben a que el término sánscrito "dharma" tiene un amplio campo semántico y ha ido ampliándose conforme es utilizado en diferentes contextos dentro de diferentes tradiciones, principalmente el budismo, el jainismo y el hinduismo (todas las cuales tienen en común la noción de karma, dharma, reencarnación y liberación del ciclo de muerte y renacimiento (moksha, nirvana, etc.)). Y, aunque uno puede vincular estos usos modernos de la palabra "dharma" con definiciones y usos clásicos del término, de cualquiera manera suelen ser bastante imprecisos y en ocasiones desvían del sentido y la riqueza de esta palabra, por lo cual es necesario hacer algunas aclaraciones. 

"Dharma" proviene de la raíz sánscrita dhṛ, "sostener, llevar, tener, proteger". El reconocido diccionario de sánscrito de Monier-Williams da múltiples definiciones para "dharma", entre ellas: aquello que esta establecido, firme, decreto, estatuto, ley, práctica, costumbre, deber, derecho, justicia, virtud, moralidad, ética, religión, mérito, actos bondadosos, naturaleza, carácter, cualidad, propiedad, etc. Estas definiciones sólo nos sirven para establecer un cauce general y entender la profundidad y diversidad de esta palabra, pero no nos brindan un verdadero entendimiento de la forma en la que es concebida la palabra en las tradiciones que, por así decirlo, viven el dharma. La forma en la que "dharma" se usa en las grandes tradiciones de la India, tiene sobre todo el sentido de: verdad, realidad, ley, doctrina, enseñanza, religión, sendero, destino y en, general, la forma correcta de subsistir y actuar (para lo cual hay que entrar en consonancia con la verdad, la realidad, la ley, etc.). Asimismo, existe una acepción, particular sobre todo al budismo, en la cual "dharma", o mejor dicho, "los dharmas", son los fenómenos, las unidades básicas de experiencia y existencia, a veces tenidos como reales intrínsecamente y en otras escuelas budistas como interdependientes, como vacíos. Este entendimiento de dharma como "fenómeno" a veces se combina con el entendimiento de dharma como "realidad", algo que encontramos en términos budistas como dharmadhatu, que puede traducirse como "el espacio absoluto de los fenómenos".

Para entender mejor el significado y el sentido de esta palabra es necesario hacer referencia al misterioso término sánscrito "ṛta", central al pensamiento védico y el cual, como concuerdan la mayoría de los académicos, fue reemplazado con el tiempo por la palabra "dharma". "Rta" generalmente se traduce como "verdad" u  "orden", vinculado sobre todo a la naturaleza, un orden cósmico (que es descrito como esencialmente bondadoso), algo que podríamos llamar también la inteligencia inherente del universo. De este orden cósmico se deriva toda una serie de principios éticos y conductas, entre ellas el sacrificio (fundamental en el pensamiento védico). El erudito italiano Roberto Calasso, en su libro La ruina de Kasch, define así "rta": "la conexión entre el cielo y la tierra que hace la vida posible y la ordena" (el lector encontrará una similitud con las bases analógicas del pensamiento hermético y quizás también con el concepto del tao). Esto nos acerca a entender la profundidad de este término, que puede concebirse como un ritmo o un patrón fundamental del cual se derivan las leyes y los principios morales que rigen las conductas humanas. De aquí también podemos ya atisbar una cierta noción de religiosidad en rta que se trasladará al término "dharma" --"religiosidad" en el sentido de lo que re-liga o re-conecta con un orden primordial, que es entendido como lo verdadero o lo divino.

Terence P. Day, en su libro The Conception of Punishment in Early Indian Literature, sugiere que desde los textos del Rig Veda, rta está vinculado a una noción de retribución o correspondencia, en el sentido de que actuar en consonancia con el orden cósmico trae beneficios para el hombre. En suma, lo que los pensadores védicos buscaban era alcanzar el estado de la divinidad, para lo cual empleaban fundamentalmente sacrificios y rituales (como el del soma) con los cuales emulaban y saciaban a los dioses, a la vez que alcanzaban estados de éxtasis o ebriedad mística. 

Day traza así la sustitución de rta por dharma, término que fue originalmente concebido como:

una manifestación finita o particularizada de rta, en tanto que representa el aspecto del orden universal que específicamente tiene que ver con lo mundano natural, lo religioso, y las esferas morales y sociales expresadas como regulación ritualística, leyes públicas y principios morales y leyes de la naturaleza.

En uno de los himnos más famosos del Rig Veda se habla de cómo ni siquiera los dioses conocen bien el origen del universo; el autor del himno se pregunta:

¿Quién puede saberlo y quién puede declararlo, cuándo nació y de dónde viene esta creación? Los dioses son posteriores que la producción del mundo... Aquel, el primer origen de la creación, ya sea que la haya formado en su totalidad o no la haya formado, Aquel cuyo ojo controla este mundo en el cielo, él acaso lo conoce, o quizás ni siquiera él lo sabe.

De la misma manera que el origen (o no origen) del universo se pierde en lo remoto, el misterioso y eminentemente cósmico término rta se pierde en la noche del tiempo y pasa a ser dharma, el cual mantendrá algunas de las mismas connotaciones cósmicas, pero irá también tomando algunas más mundanas, concretas y definidas. Además de la noción de un orden a través del cual se establece una concordia con lo divino, también se tratará de un orden que vincula al hombre con los hombres y regula sus relaciones. De aquí que se puedan tener religiones fundamentadas en el dharma pero que son mayormente no teístas, como el budismo, donde si bien merodea la presencia de los antiguos dioses, éstos pasan a segundo término.

Roberto Calasso, en su libro El ardor, vincula el término rta con verdad (satya), en esto siguiendo a Heinrich Lüders. Mientras que satya es un término más abstracto ligado al Ser (sat), "en rta la verdad está aún vinculada visiblemente con un arreglo de formas, a una cierta forma en la que están conectadas". Rta y satya forman una especie de pareja dinámica:

La verdad, en rta, está intervinculada con orden, sobre todo con el orden del mundo vigilado por Varuna. Y en este sentido la palabra, habiendo caído en desuso después de la era védica, sería reemplazada por dharma, en la que el significado de "orden" está revestido por el de "ley" (estamos aquí en el origen de la ley y el orden). En satya, por el otro lado, la verdad es una enunciación simple de aquello que es, sin ninguna referencia. Y así del orden (rta) podemos arribar a la verdad (satya), como pasando de un grado de la misma verdad a otro, ahora completamente libre de una referencia cósmica. 

La noción de dharma como "ley" será fundamental en el budismo, a veces llamado también "buddha-dharma". El Buda será quien ha despertado a la realidad a través del conocimiento de descubrir y experimentar la ley de la causación y cesación del sufrimiento. El Buda será quien hará girar la "rueda de la ley" (dharmachakra) en la cualidad de monarca universal. En este símbolo, también utilizado en las otras grandes religiones de la India con sus particularidades, coexistirán los rasgos de rta de un orden cósmico con los aspectos más sociales y mundanos de dharma: la rueda será asociada al óctuple noble sendero que lleva a la liberación de la rueda del samsara (la existencia cíclica), y en el cual se conjugan principios morales con principios gnoseológicos. El budismo mayahana (en esto separándose del theravada) hablará de tres giros de la rueda de la ley con los que el Buda enseña tres aspectos fundamentales de su doctrina: las cuatro nobles verdades (la parte más exotérica), la vacuidad (shunyata) de todos los fenómenos, y la naturaleza búdica inherente (tatagatagarbha). Para escuelas como el zen o el vajrayana, el Buda cobrará una dimensión cósmica y se concebirá como eternamente haciendo girar la rueda del dharma (desde múltiples Tierras Puras), una rueda que es el cosmos mismo.

Para acabar de redondear esta realmente breve exploración de la palabra "dharma" --cuya riqueza de significado y usos particulares son inagotables, siendo sin duda uno de los conceptos más sublimes que ha encontrado la mente humana-- es apropiado reparar particularmente en la forma en la que el budismo ha entendido y vivido el dharma, siendo que esta religión (a veces pensada como una ciencia de la mente) es la que más se asocia en la cultura occidental con el dharma y de la cual en gran medida hemos exportado y a veces confundido este término (aunque en esto último también debemos mencionar la influencia de Deepak Chopra y su llamada "ley del dharma"). Uno de los autores clásicos del budismo temprano, Buddhaghosa, define "dharma" en su Visuddhimagga (usado en plural, los dharmas), diciendo que: "portan su propia existencia (svabhava); son mantenidos por condiciones; y mantienen, a su vez, conforme a su existencia". Este entendimiento de dharma (de los dharmas) encierra la acepción de "fenómeno" o "evento psicofísico" e incluso de átomos materiales, particular al Abidharma donde no se considera que los fenómenos estén vacíos sino que, como unidades básicas, aunque condicionadas, tienen existencia intrínseca (a diferencia del yo, que carece de existencia intrínseca); el nirvana siendo el único dharma no condicionado (de una lista de 82 dharmas catalogados). Lo que une a estas dos acepciones centrales de dharma, como "fenómeno" (y "realidad") y como "verdad" (o "ley" y "doctrina") es que de la percepción correcta de los fenómenos (de la realidad) se puede establecer la ley y llevar una vida en conformidad con la verdad. En otras palabras, en los fenómenos, en la naturaleza misma está patente el correcto proceder, la enseñanza que debe seguirse. El Buda encuentra la ley en su interior, pero dentro de sí mismo conoce la naturaleza del universo. Más tarde Vasubandhu, en el Vyakhyaykti, dará 10 diferentes usos de dharma:

Lo cognoscible, al igual que el sendero, nirvana al igual que aquello que existe en el dominio del pensamiento representacional, actos meritorios, el tiempo de vida de una persona, el canon budista, el universo físico, la certidumbre de liberación, la forma de vida.

Esto de nuevo nos muestra la gran riqueza del término y la imposibilidad de definirlo como una única cosa. El gran estudioso de las tradiciones budistas (particularmente de la tibetana), Herbert Guenther, atinadamente señala que el dharma nunca ha tenido una definición monolítica. Para añadir a la complejidad evolutiva del término dharma, debemos mencionar la traducción tibetana: chos. El maestro Yon-tan-rgya-mtsho, alumno de Mipham Rinpoche explica:

La quintaesencia de lo que es llamado chos, es que cualquier oscurecimiento, sea de un tipo emocional o intelectual, ha sido eliminado; o justamente aquello que se ha convertido en el medio para eliminarlo. El verdadero significado del término es que, como una medicina indicada para una enfermedad, elimina la materia contaminante del sistema de un individuo. Las diferentes características a las que hace referencia son el mensaje espiritual y el entendimiento profundo de éste o de las dos verdades de la cesación de la frustración y lo que lleva a esto. El significado de la palabra es, ya que chos toma su sentido del sánscrito "dharma", sostener, eso es, no nos deja recorrer otra vez el camino del samsara y sus existencias malignas, sino que nos sostiene en el camino correcto hacia el crecimiento espiritual.

(Traducción de Herbert Guenther, en From Reductionism to Creativity)

Aquí tenemos en parte el significado clásico de término "dharma", que lo vincula a su raíz sánscrita, como la base o el soporte de la vida (espiritual), pero también un sentido un poco más sofisticado, que es eminentemente budista. El budismo es esencialmente una tradición práctica y experiencial, donde el practicante debe experimentar y comprobar por cuenta propia la proposición que le hace la doctrina. Así se dice que el Buda es como un médico que ha encontrado la medicina (el dharma), pero no puede tomarse la medicina de manera vicaria, sino que cada uno de nosotros debe tener la disciplina para efectuar el tratamiento (vivir conforme al dharma). La propuesta que se hace es en gran medida científica, simplemente si uno sigue el dharma (las enseñanzas), se curará de la enfermedad del samsara. 

Asimismo se ha utilizado la metáfora de que el dharma (lo que sostiene) es una balsa que evita que una persona caiga de nuevo al océano del samsara, que le permite cruzar a la orilla del nirvana o la realidad incondicional. El dharma es el sostén, pero es un sostén basado solamente en lo que es verdadero, lo que no es perecedero. Es por ello que se puede traducir dharma también como "verdad" (un sentido que tenía la palabra rta). En este sentido encontramos un paralelo entre la noción cristiana de que "la verdad nos hará libres" y el dharma que es, por ejemplo, en el caso del budismo, una de las "joyas" en las que se toma refugio justamente porque en ella se obtiene la libertad. Asimismo, el Buda en uno de sus discursos antes de morir, recogidos en el Canon Pali, dice a su preciado discípulo Ananda que los monjes no se quedarán solos y estarán con él, siempre y cuando sigan el dharma, que en este caso tiene la connotación de la doctrina viva que permite alcanzar la liberación. Así podemos decir --y de esta manera es comprendido por los practicantes-- que el Buda es el dharma y viceversa. Incluso que el Buda --que es el dharma-- es la sangha (el grupo de discípulos) y de aquí luego el entendimiento particular de los mandalas en el budismo tántrico como sociedades iluminadas, comunidades que convergen en torno al maestro (que es una manifestación del Buda) y de cuyo estado de iluminación se hacen copartícipes. En el budismo mahayana (y más aún en el vajrayana), el término nirvana será en gran medida reemplazado por el término "dharmakaya" (traducido a veces como "el cuerpo de la realidad absoluta"), un término que responde al pensamiento dualista de nirvana-samsara y que refiere a lo absoluto, al estado supremo, inmanente y trascendente, la realidad inefable que es la naturaleza prístina de los budas.

Una traducción de la palabra "dharma" que nos puede ser útil es la empleada por Alan Wallace en ocasiones: "eudaimonía", un término que literalmente significa "buen demonio" ("demonio", sin la connotación negativa cristiana, más ligado a espíritu o genio). Aristóteles utilizo esta palabra para hacer referencia a la verdadera felicidad. Alan Wallace, en este tenor, sugiere que la felicidad eudaimónica es aquella que no procede de ningún estímulo u objeto, y por lo tanto es autosustentable (a la vez que nos sustenta). Está ligada a una vida ética pero también al entendimiento correcto de la realidad --que permite saber, entre otras cosas, que la felicidad verdadera no se obtiene de los objetos-- y a una vida llena de significado; por lo tanto se encuentra en oposición a la felicidad hedonista, que es la que impera en un mundo materialista, con poco dharma. Curiosamente, en un edicto del año 240 a. C, el emperador Ashoka (budista converso) utilizó la palabra griega "eusebia" para traducir el concepto de "dharma", una palabra que tiene ciertos parecidos con eudaimonía. Eusebia significa la buena conducta en relación y reverencia a lo divino o sagrado, por lo que, como hemos visto, capta al menos algunos de los aspectos más importantes de "dharma".

Por último hay que decir, junto con Herbert Guenther, que el término "dharma" es eminentemente dinámico --no se trata de una cosa, de algo estático, sino de "un principio de organización" que lleva al universo mismo a alcanzar un estado de completud e integración en sus partes (que son a su vez, paradójicamente, expresiones enteras de la totalidad), y a través del cual encontramos significado como individuos (partes de la totalidad que habla, que se significa en nosotros). Dicho eso, y pese a la gran riqueza semántica de la palabra, es importante saber cómo ha sido usada por los maestros de las grandes tradiciones religiosas de la India y no sólo cómo es manipulada por maestros espirituales del new age que reducen su gran riqueza y complejidad empleándola dentro de un lenguaje más propio del marketing que de la poesía, la filosofía y el misticismo (que son los espacios naturales del dharma). Esta naturaleza sublime del dharma debe ser sostenida y protegida (para que podamos recibir sostén, para que nos proteja), sin abaratarla con fórmulas de solución milagrosa; el dharma no es algo que lleve al éxito en un sentido mundano o que haga a una persona conseguir sus sueños, sino que es algo que lleva, en su correcto entendimiento y en su aplicación metódica, hacia el fin de este mundo (ilusorio en tanto que en él nos confundimos y olvidamos nuestra naturaleza verdadera) y que anula y aniquila a la persona individual (puesto que para entrar en lo absoluto, que es su naturaleza verdadera, hay que dejar de ser un "alguien" y dejar de pensar egoístamente). Aquí de nuevo encontramos un sentido de pertenencia o vinculación cósmica: una persona que ha cumplido íntegramente el dharma, es alguien que ha trascendido su preocupación egoísta (su propia personalidad) y al hacer esto no existe ya en un estado de separación con las demás cosas, sino que es una manifestación traslúcida de ese orden divino, de ese ritmo, de ese rta

 

Twitter del autor: @alepholo

Estos son los 4 catalizadores que llevan a la mente a la iluminación según la psicología budista

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/12/2017

El budismo cuenta con estas 4 actitudes o catalizadores inconmensurables para transmutar los venenos emocionales y llevar a la mente a su naturaleza original, pura y radiante

En términos generales la psicología occidental considera que el amor o el odio, la alegría o el enojo son emociones y entran en la misma clasificación. En esto difiere notablemente la psicología budista, para la cual estos estados mentales no difieren sólo en cualidad (positiva o negativa) sino que pertenecen enteramente a otro dominio. Lo que nosotros llamamos normalmente "emociones", en el budismo son llamados "venenos" o "contaminantes" (kleshas, en sánscrito). Éstos pueden dividirse en tres o cinco emociones fundamentales (las cuales, a su vez, pueden subdividirse en muchos otros psiquismos contaminantes). Generalmente, los llamados cinco venenos de la mente son:

 Deseo o apego (raga, sánscrito; 'dod chags, tibetano).

 Enojo o aversión (dvesha, sánscrito; zhe sdang, tibetano).

 Ignorancia u opacidad mental (moha, sánscrito; gti mug, tibetano).

 Orgullo o arrogancia (mana, sánscrito; nga rgyal, tibetano).

 Envidia (irsha, sánscrito; phraf-dog, tibetano).

Estas cinco emociones son las contaminaciones de los cinco modos de cognición prístina o cinco sabidurías que conforman la naturaleza de la mente, la cual se ve oscurecida por estas emociones propias de la confusión del samsara, que hace que lo que es solamente luminosidad autocognitiva se vea sumida en extravío dualista. Para que se reconstituya la cognición prístina en el ser, el budismo propone lo que generalmente se traduce como "los cuatro inconmensurables" (apramanas, sánscrito), también conocidos como los brahmaviharas (las habitaciones divinas), las actitudes sublimes que conducen al estado de Brahma, al estado divino o a la misma budeidad. Herbert Guenther, uno de los más grandes tibetólogos de la historia (aunque controversial en sus traducciones), llama a estos estados esencialmente expansivos de la mente "catalizadores". Aunque estos estados o actitudes suelen asociarse con niveles elevados del desarrollo psíquico y espiritual, debe enfatizarse que en realidad son "las facetas primarias del ser", las cuales son obstruidas u oscurecidas por las emociones: "las emociones son el malfuncionamiento de una cognitividad prístina (jnanas, sánscrito; ye-shes, tibetano)". Los cuatro catalizadores que restablecen al ser en su cognición prístina son:

Amor bondadoso (maitri; byams pa).

Compasión (karuna; snying rje).

Alegría empática o alegría vicaria (mudita; dga'ba).

Ecuanimidad (upeksha; btang snyom).

Es de recalcarse que para el budismo el amor no es una emoción y no tiene una acepción meramente sentimental, es mejor entendido como un catalizador o una sublimación de estados de densidad emocional. Esto es lo que Thinley Norbu Rinpoche señala en su libro White Sail: el amor es, en realidad, la capacidad de dar energía a los demás. Energía para que puedan transformar los venenos mentales o emociones en sabiduría.

Guenther habla de un proceso de reconstitución del estado prístino de cognición no-dual como si ocurriera una reacción catalítica. Se contemplan estas actitudes sublimes y así se se activan como catalizadores para abrir los flujos de energía que se encuentran comprometidos por las emociones, los cuales son indispensables para lograr la actualización del ser en su integración completa. Es decir, es a través de estados naturalmente virtuosos y expansivos que las emociones son llevadas de vuelta a su esencia de cognición prístina, en la cual la conciencia integra y percibe al mundo libre del cristal distorsionante y delimitante del ego; se alcanza la realización, es decir, la percepción del mundo tal como es. Los cuatro incomensurables son las "grandes propiedades del auténtico Ser" que nos permiten cruzar "el océano del ser ficticio". Son incomensurables o ilimitadas porque el ser en realidad no tiene límites, es sólo percibido así por las obstrucciones emocionales que le hacen identificarse con un sujeto concreto en una dicotomía con un mundo de objetos. Al final se trata de ser compasión, ser amor, ser alegría, ser ecuanimidad y no ser amoroso con alguien en específico, o alegre bajo ciertas condiciones, etcétera.

El gran maestro de la tradición tibetana Nyingma, Longchenpa, sugiere que se debe primero practicar la ecuanimidad, ya que este inconmensurable tiene la cualidad de no tener punto de referencia y por lo tanto estar más fácilmente libre de apegos y aferramientos. Por ejemplo, el amor puede fácilmente convertirse en un aferramiento al centrarse en una única persona, lo cual es una negación del valor del otro, ya que éste es transformado en un objeto al cual uno se aferra. Se trata sobre todo de moverse de lo individual hacia lo universal, para resonar con "lo absolutamente positivo que ha existido desde el principio como una semilla increada". De la misma manera que Platón en El banquete sugiere que del amor individual uno crece al amor universal, Longchenpa dice también que uno debe extender en su práctica estos estados catalíticos ilimitados de una persona hacia varias, y así hasta abarcar al mundo entero. 

Cada uno de estos catalizadores existe en una relación dinámica de mutua transformación. El amor tiende a anquilosarse en el apego, el cual genera frustración (ya que el objeto del apego es impermanente), pero esto puede ser contrarrestado por la compasión, que libera de este sufrimiento y amplifica su accionar; la compasión puede convertirse en sentimentalismo y en una sensación de inutilidad (puesto que existe tanto sufrimiento en el mundo), lo cual se contrarresta con la alegría; la alegría puede convertirse en una euforia o sobreexcitación, lo cual es contrarrestado por la ecuanimidad; la ecuanimidad puede convertirse en apatía, lo cual es contrarrestado por el amor. A su vez, estos cuatro catalizadores sirven para disolver los cinco venenos ya mencionados, también en una relación dinámica:

Un hombre que habiendo tomado refugio se ha convertido en un nodo de crecimiento espiritual

cultivará su mente para el beneficio de los demás seres vivos

dejando que florezca la compasión en el terreno del amor

y regándola con el agua pura de la ecuanimidad, bajo la plácida sombra de la alegría.

(Longchenpa)

 

Pon en práctica los cuatro catalizadores de la iluminación con estas cuatro meditaciones guiadas por el maestro budista Alan Wallace

* Citas tomadas de Kindly Bent to Ease Us: Part 1: Mind (Longchenpa, traducción de Herbert Guenther)

** Debe mencionarse que Guenther usa en sus traducciones frecuentemente el término Ser (being), algo que es sumamente polémico dentro del budismo. Sin embargo, Guenther utiliza este término como una no-cosa (nothingness), una apertura rebosante de potencial que despliega un mundo, que es sólo su propia intensidad-luminosidad, de alguna manera conectando, en esto, la filosofía de Heidegger con el budismo mahayana y vajrayana.