*

X

Ciencia de la vacuidad: budismo, física cuántica y la naturaleza de la mente (una conversación con Leandro Chernicoff I/II)

Filosofía

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 05/21/2016

La primera parte de una conversación con el maestro de meditación budista y maestro de física Leandro Chernicoff sobre la conciencia, la vacuidad y los paralelos entre el budismo y la mecánica cuántica

Uno de los diálogos más estimulantes en la actualidad es el que entablan el budismo y la física, dos acercamientos al conocimiento muy distintos pero que sin embargo tienen importantes coincidencias. El budismo tiene la particularidad de ser una religión que no fue revelada por una divinidad, sino que fue descubierta por un ser humano como un camino de liberación, utilizando lo que podríamos llamar una ciencia interna. Como explica el traductor de tibetano y budista practicante Gerardo Abboud: "Buda fue también un científico porque su actitud para buscar la verdad, la naturaleza de las cosas, era similar, por ejemplo, a la de un físico".

A muchos nos llama la atención que algunos de las nociones básicas del budismo desarrolladas desde hace más de 2 mil 500 años estén siendo de alguna manera confirmadas o al menos seriamente consideradas por la física cuántica, como es el caso de la interdependencia de los fenómenos (cotéjese con el entrelazamiento cuántico), la vacuidad de las cosas o la posibilidad de que la conciencia sea un aspecto fundamental del universo. El mismo Abboud nos hace dimensionar esto: "Asombra lo que pudo descubrir un hombre semidesnudo, sentado debajo de una vieja higuera, sólo con el poder de la mente. Entre otras cosas, que no hay tiempo, que no hay espacio y que no hay materia como creemos percibirla; que todos son simplemente conceptos. Curiosamente, las mismas conclusiones a las que llega la física cuántica". 

Siguiendo con esta exploración de las coincidencias entre el budismo y la ciencia, hace unos días entrevisté a Leandro Chernicoff, quien tiene la genial particularidad de ser budista practicante, maestro de meditación y maestro de física. Nuestra conversación será publicada en dos partes, ya que fue bastante amplia; creo que puede servir como una introducción a varios de los conceptos básicos de la filosofía budista. 

Leandro se acercó al budismo después de una primera crisis filosófica mientras estudiaba su maestría en física teórica en Estados Unidos, "quería entender qué hacemos aquí, de dónde viene el universo... preguntas de carácter teológico o filosófico", las cuales el budismo podía quizás responder con mayor soltura que la física. Habiendo dejado un proyecto de doctorado como físico teórico y preferido dedicarse a la docencia en la física, Leandro actualmente es uno de los directores del proyecto AtentaMente y uno de los instructores de Casa Tíbet, fundada por su maestro Marco Antonio Karam. Otro de sus maestros es Alan Wallace, también físico y traductor de textos tibetanos, quien ha mencionado que mientras que la ciencia tiene su método científico, el budismo tiene "el samadhi", la concentración y la purificación de la mente, como método para averiguar la realidad.

El interés de Leandro específicamente por el budismo --y de muchos físicos en la actualidad-- se explica un tanto porque el budismo se sostiene lógicamente y no tiene un dogma teísta, lo cual lo acerca al pensamiento científico más que otras religiones. Al mismo tiempo, provee una serie de herramientas para observar la mente y conocer la realidad de manera directa, con las cuales uno puede "ser más científico con la experiencia". Una de las diferencias estriba en que la observación del budismo, si bien llega a "intuiciones similares" a las de la física, según señala Leandro, permite "tener una injerencia más puntual en la vida personal". Esto es conocimiento que va más allá de la información y que posibilita la transformación del individuo. 

 

CIENCIA INTERNA BUDISTA VS. MATERIALISMO CIENTÍFICO

El génesis de la ciencia moderna está enfocado en lo de afuera, no necesariamente porque sea lo único que existe, sino porque hemos desarrollado históricamente métodos para medir [el mundo exterior]. Esto es algo que Alan Wallace explica en sus libros. La ciencia occidental tiene como fundamentos mirar hacia afuera y la validación de la tercera persona. 

Es evidente que la conciencia es un fenómeno muy importante en el universo, esto no es algo de lo cual yo me haya dado cuenta, es algo fácil de reconocer y está en todos lados. ¿Qué es la conciencia? ¿Qué rol juega en el universo? En tanto estamos eligiendo tomar a la conciencia como un epifenómeno de la materia, entonces hay una limitante intrínseca. Dudo que se pueda hacer una teoría de la conciencia que emerja de la materia, creo que son fenómenos diferentes que requieren metodologías de estudio complementarias. Y es que si uno lo piensa bien, aquello que está generando estas teorías es la conciencia misma, cualquier cosa que digas, por ejemplo: "la conciencia es un epifenómeno de la materia" o "la conciencia no es un epifenómeno de la materia", ambas, todas, son constructos de la mente. Nos encontramos con una paradoja, un problema que tiene que ver con las estructuras conceptuales.

Si queremos tener una descripción más completa de la realidad, creo que es pertinente darle a la conciencia un rol más preponderante. Por un lado porque creo que es un importante elemento de la realidad objetiva. Por otro lado porque tomar a la conciencia y a los seres que tienen conciencia como una parte relevante del estudio del universo pone en una arena de discusión científica cosas como: cómo nos vinculamos y cómo actuamos los unos con los otros. Discutir esto, tomando en cuenta el importante rol que juega la percepción de la mente en nuestras experiencias de bienestar y sufrimiento, nos permite llevar a una arena científica la investigación de qué estados mentales son más conducentes a una sensación bienestar, qué tipo de estados mentales no lo son, qué entendemos por bienestar o cómo se define el bienestar. Por ahora las definiciones de bienestar tienen que ver con el mundo externo, cuánto ganas, si estás por sobre cierta línea... dejan fuera la experiencia directa del bienestar. La definición de bienestar requiere una vivencia más directa y profunda de la mente en sí. En la medida en que tenemos una experiencia muy superficial de nuestra mente, donde básicamente tenemos una experiencia hedonista del mundo, basada en estímulos, así nuestra idea de lo que es el bienestar es muy superficial. Desde los griegos había definiciones mucho más refinadas, como la eudemonia, sin embargo siento que esto se ha perdido y no tenemos herramientas para acceder a ese tipo de bienestar y preguntarnos sobre ello. Cuando hacemos un acto genuino de amor o bondad experimentamos algo de esto pero no tenemos un marco teórico para entenderlo y replicarlo, para entrenarnos. Creo que traer la conciencia al marco de investigación científica seria abre puertas en este sentido.

 

¿CÓMO CONCIBE LA MENTE EL BUDISMO?

En el budismo la mente se puede definir en términos relativos y en términos absolutos. La mente relativa a nivel operacional se define por las características de claridad [sel, en tibetano] y cognición. Existe una cualidad como de un espejo de poder reflejar, pero a diferencia de un espejo hay cognición de aquello que se refleja. Lo que distingue a un fenómeno mental es esta cualidad de mera claridad y darse cuenta. Así se puede identificar si tienes mente: si hay mera claridad y darse cuenta. Por ejemplo, observas un ladrillo, y no tiene esa cualidad...

La mente relativa tiene muchas funciones, aspectos, colores y manifestaciones, todos ellos con esta cualidad de mera claridad y darse cuenta. El enojo es un estado mental y tiene la característica de mera claridad y darse cuenta. Desde la perspectiva budista esto es lo que llamamos la naturaleza relativa de la mente y podríamos pensar que es una especie de flujo de eventos mentales o momentos mentales que tiene la característica de mera claridad y darse cuenta. Desde la perspectiva budista los fenómenos mentales y los fenómenos físicos por supuesto interactúan pero tienen naturalezas diferentes, los fenómenos físicos a primera vista tienen posición, forma, cualidades medibles objetivamente identificables y la mente y los fenómenos mentales no necesariamente. La pregunta interesante aquí es, ¿cómo hace un fenómeno que no es mental, por ejemplo, un fenómeno físico, un átomo o 10 átomos, para convertirse en algo que es "mera claridad y darse cuenta", como sería este proceso de transformación? Esto estaría relacionado con el problema duro de la neurocienica. Desde la perspectiva budista, sin embargo, no es necesario meterse en ese problema, son dos fenómenos que interactúan pero tienen naturalezas distintas. ¿Eso que significa? Que si yo le pego al cuerpo la mente siente, si quiero tomar un vaso de agua, puedo hacerlo; la mente le avisa al cuerpo. ¿Como es esa transición, cómo hace para avisarle uno al otro? Esto lo he platicado con neurocientíficos del nivel de Richard Davidson y me han dicho "realmente no sabemos, no es claro qué ocurre", aunque por supuesto hay teorías.

Esto es a nivel relativo y después se habla del nivel absoluto de la mente. Cuando hablamos de nivel absoluto podríamos pensar en la naturaleza fundamental de la mente. ¿Cuál es el aspecto más fundamental de la mente? A ese aspecto se le da distintos nombres.  En la tradición de la Gran Perfección [Dzogchen] se le llama rigpa, en la tradición mahamudra se llama "la mente ordinaria", en la tradición del camino medio [madhyamaka] se le llama madhyamaka o gran camino medio. No es conveniente hablar mucho de esto [de la mente absoluta, lo cual debe hacerse sólo entre alumnos y maestros según la tradición], pero lo que sí podemos decir es que hay un nivel que es como lo que llamamos psique, que es el aspecto más burdo y después uno más sutil y luego incluso otros aspectos más sutiles de la mente, que es de alguna manera el basamento de toda la experiencia. La diferencia entre la mente relativa y la más profunda, es que una es más individuada y la otra trasciende todo ese tipo de cosas, pero no por eso quiero decir que todo sea una sola mente o ese tipo de cosas.

 0799_quantumvoid_ii_2008_001

SOBRE EL VACÍO EN EL BUDISMO

El vacío es un término esencial en la tradición budista. Cuando se dice vacío, se refiere a la ausencia de algo, por ejemplo, yo estaría vacío de una entidad permanente o sólida,  es decir, algo que parecería estar ahí, como un yo sólido, un Leandro estable... de eso estoy vacío. ¿De qué están vacías las cosas? En términos prácticos podemos decir que están vacías de aquello a lo cual tu mente se aferra. Para que la mente se aferre a algo parecería que debería haber algo sólido, para que así se pueda enganchar. La tradición budista dice que esta sensación de existencia inherente, que es lo que la mente usa para engancharse de algo, es lo que no hay, es decir aquello que se presenta como permanente, independiente y unitario [las características que comúnmente asignamos a la mente o a un yo]. Cuando hablamos de vacío lo que estamos diciendo no es, por supuesto, que las cosas no existan, lo que estamos diciendo es que hay una exageración, una proyección que se está haciendo y eso es lo que no existe. Este estar vacío de una existencia inherente es uno de los pilares de la filosofía budista porque tiene implicaciones en términos de por qué sufrimos y cómo opera la mente y cómo sobre la base de proyectar este tipo de existencia tanto en el sujeto como en el objeto se generan líos innecesarios.

El otro aspecto del vacío es tongpa nyi en tibetano, sunyata en sánscrito. Tongpa tiene esta cualidad de ausencia, vacío, pero nyi sería lo que en inglés llaman voidness, el nyi tiene que ver con que aparece, cuando uno habla de vacío no es sólo lo que no hay sino que todo se puede manifestar. Por eso en el "Sutra del Corazón" se dice: "el vacío es forma; la forma, vacío", eso significa que no hay un vacío separado de la forma, ese nyi apunta a la cualidad manifiesta, vívida de lo que llamamos la vacuidad.

 

SURGIMIENTO INTERDEPENDIENTE

Otro aspecto es el surgimiento interdependiente u originación dependiente, pratityasamutpada. ¿Qué significa surgimiento interdependiente? Todo surge en dependencia, una cosa de la otra... el hecho de que las cosas existan dependiendo unas de las otras, esto inmediatamente implica el hecho de que están vacías. Es decir, desde la perspectiva budista el mero hecho de que las cosas existen, que las podamos ver, y podamos interactuar con ellas, es prueba misma de que no pueden tener esa existencia sustancial, sólida. Las cosas sólo pueden interactuar y existir de alguna manera porque carecen de existencia inherente. Entonces para el contemplativo, cuando percibe un fenómeno, el que sea... por ejemplo, el hecho de que puedas escuchar mi voz, que podamos vernos, es sólo porque carecemos de existencia inherente. En ese carecer de existencia inherente nos damos cuenta que somos un surgimiento interdependiente y en ese surgimiento interdependiente o carencia de existencia inherente, lo que se suelta es la tendencia de la mente a la reificación, a proyectar a las cosas una realidad que no tienen. Sobre la base de proyectarme a mí como una entidad sólida y de que tú estas ahí como otra entidad sólida, entonces se vuelve posible el sufrimiento. Por ejemplo, se puede dar un intercambio en el cual si lo que dices me gusta entonces lo que me dices es una "fuente inherente" de mi bienestar, o de mi malestar si me disgusta. Sobre la base de esto surge el apego a aquello que te resulta agradable o la aversión; es esta confusión sobre la naturaleza fundamental de los fenómenos que genera mucho sufrimiento. 

 

VACÍO Y FÍSICA CUÁNTICA

En mecánica cuántica hay muchas teorías sobre cuál es la descripción más cercana a la realidad, pero, ¿cuál es realmente la descripción más cercana a la realidad? Quién sabe. Tenemos muchas interpretaciones... cada una tiene sus preferencia ideológicas y creo que por ahora no tenemos una manera de separar una de la otra a nivel empírico.

A nivel cuántico, subatómico, muy en el fondo de las cosas, creo que lo que sí podemos decir es que realmente no sabemos. Por supuesto que tenemos una definición matemática del vacío, pero, ¿qué es exactamente el vacío, qué es aquello que está dando pie a todas las cosas? Quién sabe. A nivel práctico, lo que sí podemos decir es que esto que parece tan sólido, lo que sí sabemos es que está hecho de átomos; sabemos que los átomos son algo bastante raro y que no corresponden con nuestra descripción clásica de la realidad; sabemos que tienen estas propiedades cuánticas bastante peculiares y que entre más abajo más importante se vuelve el mundo cuántico y entonces esta idea que tenemos aquí de este cuerpo sólido hecho de átomos, allá abajo, al nivel fundamental de la naturaleza, es algo bastante poco sólido y, entonces, esta sensación que tenemos aquí de que hay algo sólido no es completamente objetiva... muy posiblemente nuestra mente esté jugando un papel importante. Tenemos una reificación. ¿Que implicaciones tiene esto? Pues, en un sentido práctico, si piensas que eres tu cuerpo, si sientes que tu cuerpo es sólido y te identificas profundamente con él, es probable que te afecte mucho envejecer o que si critican tu aspecto físico te sientas mal fácilmente, etcétera...

 

HACER LÚCIDO EL SUEÑO DE LA REALIDAD

La metáfora del sueño es muy buena, porque en realidad si estuviéramos en un sueño, si esto fuera un sueño nada sería diferente. Podríamos escucharnos, podríamos vernos, interactuar, tendríamos igual calor como ahora... lo mas interesante es que tendríamos una vivencia reificadora, sobre todo si no supiéramos que estamos soñando. ¿Qué entendemos por "reificadora"? Asignar una realidad que no tiene. Supongamos que estamos en tu sueño, entonces Alejandro está dormido en la playa, pero si tuvieras lucidez de eso, en realidad no cambiaría casi nada. Yo no desaparecería, mi cuerpo no desaparecería, ni cambiaría nada de mí. Lo único que sucedería, si supieras que estas soñando, es que dirías: "Ahh, aquí no hay nada grave". Sólo se pierde esa cualidad rígida, sólida. Lo que queda es mucha libertad. Porque si supieras que es un sueño, incluso si pasan cosas que no te gustan, al saberlo te daría risa... el mero hecho de reconocer la potencia creadora de tu mente sería suficiente para que te alegres. El conocimiento del sueño se revela como la libertad profunda de saber que todo lo que está ocurriendo es una manifestación del poder creativo de la mente y, en ese sentido, cualquier cosa que ocurriera, agradable o desagradable, no cambiaría tu estado de bienestar, el cual no viene de lo que ocurre sino del entendimiento de lo que ocurre. Ese saber permea toda la experiencia, aunque sea una pesadilla: el saber que es una pesadilla se pone por encima, es más potente que la pesadilla en sí y entonces no tiene que desaparecer la pesadilla, no tiene que desaparecer nada... ese entendimiento de la realidad de las cosas, del sueño por lo que es, en este caso, un sueño, te libera sin que tengas que salir de él.

 

LA NEGACIÓN DEL YO

La tradición budista no niega el yo, lo que niega es un yo estable, unitario, indepenediente. ¿Cómo identificar el yo que está negando la tradición budista? Pues, ese yo que se exalta cuando te critican, ese yo que se siente muy sólido cuando te dicen qué bien te ves o qué mal te ves, cuando te dicen que eres la persona más inteligente o más estúpida, eso que sientes es lo que niega. Ese aferramiento al yo es una sensación visceral, no intelectual. No dice que no exista un yo, dice que ese yo es relativo. A nivel relativo claramente hay un yo, pero es carente de existencia inherente. Hay algo ahí, claro, hay experiencia, un cuerpo, una mente, ¿pero es eso un yo sólido  y estable? No. Es como si tienes un río y a ese río le dices "Usumacinta", es una etiqueta, el yo es una etiqueta, una convención, una conceptualización.

Continuará...

 

Twitter del autor: @alepholo

Más sobre el trabajo de Leandro Chernicoff:

AtentaMente

Casa Tíbet México

Una intrigante explicación de por qué el tiempo pasa más rápido cuando envejecemos y cómo podemos detener esta fuga para enriquecer nuestra experiencia temporal ajustando nuestra percepción

time

You are young and life is long and there is time to kill today.. 

And then one day you find ten years have got behind you... 

Every year is getting shorter; never seem to find the time.

Pink Floyd, "Time", The Dark Side of the Moon

 

Sabemos por la teoría de Einstein que el tiempo es relativo y se experimenta en función de la velocidad a la que nos movamos por el espacio. Viajar a la velocidad de la luz (que es absoluta en la teoría de Einstein) es lo más parecido a una forma de eternidad. Existe la famosa paradoja de unos hermanos gemelos: uno viaja a una velocidad cercana a la luz y regresa a su planeta para encontrarse a su hermano, pero difícilmente se reconocen, uno se mantiene joven, el otro tiene canas y se encuentra cerca de la muerte.

La relatividad del tiempo tiene otro factor más difícil de incluir en una ecuación, la percepción. Podríamos decir también que nuestra experiencia del tiempo es relativa a nuestra percepción. Existe la popular creencia de que al envejecer el tiempo pasa más rápido y que algunos momentos duran más que otros en función al aspecto cualitativo de nuestra percepción. Así por ejemplo, las experiencias místicas suelen describir instantes que de alguna manera penetran las bóvedas del cielo y del tiempo y acceden a una cantidad de información que sería imposible de asimilar en un modo de percepción ordinario. Ejemplos de esto pueden encontrarse entre las experiencias cercanas a la muerte, en algunas experiencias con drogas psicodélicas o en la literatura de ciencia ficción o fantasía (un buen ejemplo de esto es "El Aleph" de Borges, en el que si bien la percepción es de la superposición de todos los espacios en un único punto, ocurre también una asimultaneidad de momentos, recuerdos imposibles de enlistar en una sucesión temporal: el tiempo y el espacio son un continuum interdependiente). Más allá de que estas experiencias de eternidad sean solamente alucinaciones psicoquímicas o en realidad sean clarividencias, lo cierto es que la forma en la que experimentamos el tiempo varía según el estado mental en el que nos encontremos. Una intrigante forma de entender esto es pensar en cómo percibíamos el mundo cuando éramos niños.

Para explicar este efecto "psicocronométrico", se suele citar la hipótesis de Paul Janet, que a la temprana edad de 21 años postuló la idea de que nuestra percepción del tiempo es logarítmica y no lineal como lo contamos. Percibimos los momentos comparándolos en proporción al tiempo que hemos vivido: cada período de tiempo es proporcional al tiempo que hemos vivido. Por ejemplo cuando tienes 2 años de edad 1 año es el 50% del total de tu vida; cuando tienes 4 años 1 año es el 25% del total de tu vida; cuando tienes 2 años 1 año es el 12.5% de tu vida; cuando tienes 16 1 año es el 12.5% de tu vida; cuando tienes 32 1 año es el 3.03% de tu vida y así cada año es un menor porcentaje de tu vida lo cual, según la teoría de Janet, también determina la cantidad de experiencia, el tiempo cualitativo que se percibe durante ese año.

El artista Maximilan Kiener ha realizado una visualización de esta paradoja de la percepción temporal, en la que sugiere que si nos basamos en el valor de tiempo percibido logarítmico y no en tiempo lineal, la mitad de la vida percibida de la persona promedio ya se ha acabado a los 7 años, con la peculiaridad de que no solemos recordar la mayoría de lo que ocurre en nuestros primeros 3 años, los cuales bajo esta lógica son equivalentes a más de 30 años de tiempo percibido. Si fuéramos a descontar esta variable de los primeros años --ya que no son experiencias que podamos recordar-- entonces  la mitad de nuestra vida percibida acabaría a los 18 años. 

Screen shot 2015-07-27 at 11.28.06 AM

La hipótesis del tiempo logarítmico de Janet supone que nuestra mente de manera innata percibe porcentajes y no las cantidades absolutas. Es por esto que para una persona de 20 años 2 años serían exactamente iguales que 1 año para un niño de 10 años. La hipótesis de Janet es consistente con la la ley de Weber-Fechner que sostiene que nuestra capacidad de percibir un cambio se basa en "el valor relativo de la variación" con respecto al valor original. Por ejemplo, si estamos cargando una masa de 100gr tal vez no sintamos una diferencia si se añaden 5gr más pero sí cuando se añaden 10gr más. Cuando sostenemos una masa de 1000gr no sentiremos cuando se añaden esos 10gr, tal vez necesitemos que se añadan 100gr más para sentir la diferencia. Todos esos intervalos que a nivel perceptual podemos considerar como estímulos --que pueden traducirse, a su vez, en experiencias-- se van perdiendo en la medida que tenemos más tiempo o peso (el peso del pasado) sobre nosotros, lo cual nos impide distinguir la minuciosa riqueza de los momentos.

Sobre la hipótesis de Jenet, que data de la última década del siglo XIX, el psicólogo William James hace las siguientes apreciaciones:

Esta fórmula expresa grosso modo el fenómeno, es verdad, pero no puede considerarse una ley psíquica elemental; y es cierto que, en buena medida, la predisminución de los años al envejecer se debe a la monotonía del contenido de la memoria, y a la consecuente simplificación de la mirada retrospectiva. En la juventud podemos tener una experiencia absolutamente nueva, subjetiva u objetivamente, cada hora del día. La aprehensión es vívida, la retención es fuerte, y nuestra recolección de ese tiempo, como ocurre cuando pasamos el tiempo en viajes rápidos e interesantes, es de algo intrincado, multitudinario y de gran amplitud. Y mientras cada año convierte muchas de estas experiencia en una rutina automática, que apenas notamos, los días y las semanas se uniforman en recuerdos de unidades sin contenido y los años se ahuecan y colapsan.

Podemos pensar con James, entonces, que si bien el tiempo pasa más rápido con la edad esto no es inexorable sino que es un efecto de la habituación y de un opacamiento de nuestra percepción, hasta cierto punto natural, ya que sería prácticamente imposible estar recibiendo estímulos completamente nuevos cada día --incluso nuestra energía difícilmente podría aguantar esto ya que también exhibe un declive con la edad. Existe, sin embargo, una forma de combatir el gradual deterioro de nuestra captación de tiempo (y procesamiento de experiencias). Habría que procurar, de manera sostenible, una importante cantidad de estímulos novedosos (los cuales a su vez generan neurogénesis) y limpiar, por así decirlo, nuestra mirada, borrar de la pizarra con la que aprehendemos la realidad para poder acceder a un mayor "ancho de banda" o, mejor dicho,  para entrar en contacto con las cosas en sí mismas, con lo que René Guénon distingue como el reino cualitativo de las esencias y no de las meras cantidades. Una percepción menos mecánica del mundo, más abierta al cariz, a la particularidad, a la amplitud y a la expresión plena del instante, que, nos han dicho todos los místicos, contiene en su transparencia la eternidad, es una imagen o un holograma de todos los tiempos.

Podemos tal vez detener el tiempo, dilatarnos y no contraernos. Esto es, probablemente como casi todo en la vida, una cuestión de percepción. El lector estará de acuerdo en que es deseable buscar una mayor calidad de experiencias más que una mayor cantidad de experiencias. Aunque el aspecto cualitativo de una experiencia está de alguna manera relacionado con la cantidad de información que podamos asimilar de la misma. Esto es, el nivel de detalle, de definición, la riqueza de matices y relieves que podamos absorber de una escena o evento. Esta agudeza perceptiva no sólo se traduce en una mayor cantidad de pixeles, por así decirlo, a su vez abre una dimensión cualitativa: percibimos los anillos de los ojos de una persona, los filamentos que reflejan una luz azul grisácea, las comisuras de sus labios que se expanden... y sentimos nuestro latido con mayor fuerza, observamos que su expresión es un gesto que nos remite a otro gesto en otro momento, contiguo, por así decirlo, en el teatro de la memoria y accedemos a una serie de conexiones y correspondencias entre lo que observamos, una madeja que es también de significados, puesto que creemos entender que este mismo gesto es de alguna manera esencial el mismo que otro gesto, que otro momento, que sentimos y que se inscribe en nosotros con una profunda nitidez, antiguo y nuevo, emanando de una fuente de la cual podemos beber siempre. La información se convierte en conciencia emotiva, las cosas, en su multiplicidad, se integran dentro de un todo coherente.

Samuel Beckett escribió que "la creación del mundo no sucedió de una vez y para siempre, sino que sucede todos los días". El egiptólogo y alquimista, R. A. Schwaller de Lubicz construyó todo un sistema filosófico alrededor de la percepción de esto que podemos llamar el instante cosmogénico del cual son eco todos los instantes. "El tiempo es génesis", dice De Lubicz, porque todo está "en proceso de generación hacia su fin", por lo que nos exhorta a percibir en la realidad inmediata de la semilla, el fruto, en el capullo, la flor. Bajo esta óptica cada objeto tiene en sí mismo ya la virtualidad de todos los momentos y una percepción completa, liberada de la fragmentación temporal, debería de ser capaz de percibir la totalidad de la existencia de cada cosa en una percepción singular. De Lubicz sugiere que este es el verdadero significado de la alquimia, cuyos antiguos adeptos solían decir que la materia prima de la piedra filosofal estaba en todas las cosas y en todos los fenómenos estaba su magna operación. La evolución del individuo, en la filosofía de De Lubicz, ocurre justamente a través de este tipo de percepción, capaz de inscribir profundamente en el organismo las experiencias más allá del procesamiento del cerebro racional y de lo factual; un aspecto cualitativo que es el tiempo como génesis: el génesis revelándose todo el tiempo. La creación: siempre nueva; el origen: presencia perpetua. 

 

Twitter del autor: @alepholo